Un instructor de vuelo de 42 años se lanzó al vacío desde una avioneta a 250 metros de altura durante una clase. Su alumna, de 22 años, logró controlar la aeronave y aterrizar a salvo en medio del estupor generalizado.
Lectura exprés
- ¿Qué sucedió?
Un piloto instructor tomó la drástica decisión de quitarse la vida arrojándose desde una avioneta en pleno vuelo. - ¿Quiénes son los protagonistas?
Leandro Andrés Bertazo (42), instructor de vuelo, y Rosario (22), su alumna que se encontraba a bordo. - ¿Cuándo ocurrió?
El trágico suceso tuvo lugar durante un sábado a la mañana, en una jornada que parecía completamente normal. - ¿Dónde fue?
Ocurrió cerca de Toledo, en la provincia de Córdoba (Argentina), en un vuelo de instrucción de la escuela Flying Parrel. - ¿Cómo se produjo?
A 250 metros de altura, el instructor se quitó los auriculares, acomodó sus pertenencias, se desabrochó el cinturón y saltó al vacío tras decirle a su alumna: "Vos sabés lo que tenés que hacer". - ¿Por qué es importante?
El hecho pone en debate y cuestiona los actuales sistemas de control psicológico y psicofísico a los que se someten los pilotos, ya que el instructor atravesaba un tratamiento psiquiátrico que no había sido notificado. - ¿Qué consecuencias/investigación hay?
La alumna logró aterrizar la aeronave a salvo. El cuerpo del instructor fue hallado poco después. Las autoridades aeronáuticas y policiales investigan el caso, calificado como un hecho sin precedentes mundiales.
Un sábado de instrucción que culminó en tragedia
Lo que debía ser una mañana rutinaria de instrucción y aprendizaje en la escuela de aviación Flying Parrel, ubicada en la provincia de Córdoba, se transformó en cuestión de segundos en un hecho que conmocionó al país y a la comunidad aeronáutica internacional. Leandro Andrés Bertazo, un experimentado instructor de vuelo de 42 años, tomó la incomprensible decisión de arrojarse al vacío desde la avioneta que piloteaba, dejando a su alumna sola frente a los comandos de la aeronave a unos 250 metros de altura.
Según los testimonios de colegas y trabajadores del aeroclub, aquel sábado comenzó sin ninguna anomalía. Bertazo llegó temprano, saludó cordialmente, realizó el chequeo pre-vuelo correspondiente y completó con éxito su primera clase del día. Quienes interactuaron con él aquella mañana aseguran que se lo veía "tranquilo, sonriente y actuaba con absoluta normalidad". Nada en su comportamiento sugería el desenlace fatal que tendría lugar horas más tarde.
"Vos sabés lo que tenés que hacer": Los segundos finales en la cabina
La segunda alumna de la jornada era Rosario, una joven de 22 años que ya poseía su licencia de piloto privado, pero que se encontraba sumando horas de entrenamiento para perfeccionar su técnica. Durante el vuelo de instrucción, mientras sobrevolaban una zona rural en las proximidades de la localidad de Toledo, ocurrió lo impensado.
De acuerdo con el desgarrador relato de la joven, la secuencia fue tan rápida como inesperada. Leandro comenzó a quitarse los auriculares de comunicación, acomodó cuidadosamente su teléfono celular y el resto de sus pertenencias personales en la cabina. Acto seguido, se desabrochó el cinturón de seguridad. Antes de abrir la puerta de la aeronave en pleno vuelo, el instructor pronunció una última y determinante frase dirigida a su alumna: "Tomá, vos sabés lo que tenés que hacer... para allá [está] el aeródromo".
En cuestión de dos segundos, Bertazo abrió la puerta y desapareció en el aire. Rosario quedó estupefacta, en estado de shock, pero frente a la inminente urgencia, tomó el control absoluto de la avioneta. Pese al estrés extremo de la situación, logró emitir un mensaje de alerta por radio, informando el escalofriante suceso a la torre y a la escuela de aviación.
Un aterrizaje milagroso y el hallazgo del cuerpo
Desde tierra, la incredulidad dio paso a un operativo de emergencia. Los responsables de la escuela optaron por no sobrecargar de preguntas a Rosario para no aumentar su nivel de pánico, enfocándose únicamente en asistirla remotamente para asegurar el procedimiento de descenso. Demostrando un aplomo extraordinario, la joven de 22 años logró aterrizar la aeronave en perfectas condiciones, resultando ilesa físicamente.
Eduardo Álvarez, director de la escuela Flying Parrel y amigo personal de Leandro, despegó inmediatamente en otra avioneta siguiendo las coordenadas brindadas por la alumna. En pocos minutos, sobrevolando los campos cercanos a Toledo, lograron divisar el cuerpo sin vida del instructor. "Estamos muy conmovidos porque esta es una situación que no está en ningún libro y nunca en el mundo existió algo así", expresó Álvarez con profundo pesar, calificando a Bertazo como una persona provida, amable y gentil.
El problema de fondo: La salud mental en la aviación
El caso dio un giro dramático horas más tarde, durante la noche del fatídico sábado, cuando Eduardo Álvarez acudió al domicilio del padre de Leandro para notificarle oficialmente el fallecimiento. Fue en ese momento donde salió a la luz un dato crucial y desconocido: el piloto se encontraba bajo tratamiento psiquiátrico.
Esta información sorprendió a toda la escuela de aviación. Los pilotos comerciales y los instructores están obligados a someterse a rigurosos y periódicos exámenes psicofísicos (cada seis meses o un año, según la categoría) para revalidar sus licencias. Los registros de Bertazo estaban completamente al día y vigentes. Durante estas evaluaciones oficiales obligatorias, no se había detectado absolutamente ningún indicio o patología que lo inhabilitara para ejercer sus funciones.
- El vacío en los controles: El hecho expone una peligrosa grieta en el sistema de seguridad aérea. Un piloto bajo tratamiento psiquiátrico activo logró eludir u omitir su condición en los chequeos médicos oficiales.
- Falta de aviso: Ni el piloto, ni su familia, ni sus médicos tratantes informaron sobre el cuadro a las autoridades del aeroclub o al ente regulador aeronáutico.
La investigación busca ahora esclarecer cómo se gestionó este aspecto privado de su salud sin que saltaran las alarmas en el ámbito laboral y regulatorio.
¿Un acto planificado?
Tras conocerse el evento, surgió rápidamente la hipótesis de que Bertazo podría haber planeado el momento exacto para minimizar daños a terceros. Algunos analistas sugieren que el instructor esperó deliberadamente a volar con Rosario —una alumna que, por tener ya su licencia de piloto privado, contaba con las habilidades necesarias para aterrizar— evitando así arrastrar a la muerte a un aprendiz sin experiencia.
Sin embargo, para el director de la academia, esta lectura es errada. Para Álvarez, no hubo una planificación tan calculada: "Yo pienso que él estaba con su mente muy alterada y dijo 'Bueno, este es el momento' y se lanzó", sentenció el directivo. Hoy, las autoridades continúan intentando comprender los instantes finales dentro de esa cabina y qué impulsó a Leandro Bertazo a tomar una decisión que dejó una huella indeleble en una joven alumna y en toda la aviación argentina.
