La Armada Argentina denunció penalmente una estafa interna por casi mil millones de pesos mediante liquidaciones de sueldos adulteradas. La maniobra involucra a más de 20 personas, incluyendo a presuntos civiles.
Lectura exprés
- ¿Qué sucedió?
La Armada Argentina presentó una denuncia penal por un millonario desvío de fondos mediante el pago de sobresueldos irregulares a lo largo de casi cuatro años. - ¿Quiénes son los protagonistas?
Están involucradas 23 personas, entre ellas Ariel Baltazar Atanasov (exjefe del departamento Revista) y su esposa, María del Carmen Prieto, principal beneficiaria. - ¿Cuándo ocurrió?
Las maniobras fraudulentas se detectaron entre julio del 2022 y enero del 2026, y la investigación interna comenzó en febrero tras el aviso de una teniente de navío. - ¿Dónde fue?
El desvío operaba desde la jefatura de administración y finanzas de la Armada. La causa recayó ahora en los tribunales federales de Comodoro Py. - ¿Cómo se produjo?
Se alteraban manualmente los archivos de liquidación enviados al Banco Nación para depositar el dinero extra, y luego se restituían los registros originales para ocultar el rastro. - ¿De cuánto dinero hablamos?
Se estiman 645 acreditaciones indebidas por más de 981 millones de pesos. Apenas se han devuelto 42 millones hasta el momento. - ¿Qué consecuencias hay?
El juez federal Sebastián Ramos y el fiscal Ramiro González tomaron el caso para iniciar las medidas probatorias y citaciones judiciales pertinentes.
La cúpula militar de nuestro país se encuentra sacudida por lo que ya se perfila como uno de los actos de corrupción interna más monumentales de los últimos tiempos. En las últimas horas, la propia Armada Argentina formalizó una denuncia penal que expone una elaborada maquinaria de desvío de fondos públicos mediante la acreditación de sobresueldos y transferencias fantasma. Este entramado, que operó silenciosamente en las sombras de la burocracia estatal durante casi cuatro años, ha puesto en tela de juicio los sistemas de auditoría de las Fuerzas Armadas y ha dejado un daño institucional profundo.
La denuncia, que recaló rápidamente en los tribunales de Comodoro Py, se encuentra actualmente en manos del juez federal Sebastián Ramos y del fiscal Ramiro González, quienes ya disponen del expediente inicial en formato electrónico. De acuerdo con el texto de la presentación judicial impulsada por el Capitán de Navío Castro Magio, los hechos delictivos se perpetraron sistemáticamente entre julio de 2022 y enero de 2026.
El modus operandi: adulteración y ocultamiento digital
El esquema de defraudación destaca por su audacia y su simplicidad informática. Las pericias y auditorías internas han determinado que los pagos fraudulentos no se procesaban mediante cuentas secretas o complejas triangulaciones financieras, sino que se inyectaban directamente en las cuentas sueldo (CBU) del Banco Nación.
- Alteración post-control: Los implicados esperaban a que las planillas de sueldos superaran los controles ordinarios de la Jefatura de Administración y Finanzas.
- Inyección manual: Antes de enviar los archivos definitivos al Banco Nación, se incorporaban manualmente las acreditaciones millonarias.
- Borrado de huellas: Una vez que el banco efectivizaba los depósitos, los responsables del fraude ingresaban nuevamente al sistema de la Armada y restituían los valores a sus cifras originales. De esta manera, el sistema interno no reflejaba inconsistencias a simple vista.
El desfalco comprende un total de 645 acreditaciones indebidas. La cifra inicial calculada asciende a 981 millones de pesos, aunque, tras algunos ajustes y la devolución de apenas 42 millones por parte de algunos involucrados, permanecen en poder de los beneficiarios ilegítimos alrededor de 938 millones de pesos, dinero perteneciente al erario público.
Los protagonistas del desvío millonario
El expediente judicial individualiza a 23 personas involucradas en la red, abarcando personal en actividad, militares en retiro y, de manera muy llamativa, civiles que, en los papeles, no poseían vinculación laboral directa con la fuerza.
El principal señalado dentro de la estructura jerárquica es Ariel Baltazar Atanasov, quien se desempeñaba como jefe del estratégico Departamento Revista, el área encargada del control de personal y liquidaciones. Según consta en la denuncia que hoy instruye el fiscal Ramiro González, Atanasov ya habría declarado en sede administrativa (durante el sumario interno) ser consciente de las operaciones. En dicha instancia, admitió que elegía a los beneficiarios, fijaba los importes y ejecutaba personalmente los pagos para favorecerlos económicamente, asumiendo de facto la autoría material de los hechos ante sus superiores.
El dato más escandaloso radica en el destino de los fondos. Del total desviado, el 44,25% (unos 434 millones de pesos mediante 184 acreditaciones) fue a parar a manos de apenas cuatro personas ajenas a la institución militar. La beneficiaria excluyente de esta maniobra fue María del Carmen Prieto, quien no es otra que la esposa del propio Atanasov. Prieto recibió, en tan solo 45 operaciones, la exorbitante suma de 152 millones de pesos.
En torno a los otros "civiles" beneficiados, han surgido fuertes rumores que indican que podrían no ser ciudadanos comunes, sino presuntos agentes de inteligencia (orgánicos o inorgánicos) vinculados a los servicios navales, cuyas identidades se mantenían fuera del sistema formal de liquidación para proteger su labor. No obstante, este extremo deberá ser clarificado por la investigación penal en curso para determinar si se trató de una falla de seguridad, un encubrimiento institucional o simplemente el uso de prestanombres.
El factor humano: la joven teniente que rompió el silencio
Un aspecto que ha llamado poderosamente la atención de los analistas es cómo un sistema de sangría financiera de tal magnitud pudo sostenerse sin ser detectado por los órganos formales de auditoría durante casi cuatro años. La maniobra no fue desmantelada por un sofisticado software de control cruzado, sino por el factor humano.
En el mes de febrero, fue una joven oficial de la fuerza, con el grado de Teniente de Navío, quien detectó movimientos inusuales y tuvo el coraje cívico y profesional de dar el parte correspondiente a sus superiores, encendiendo la mecha que detonó la investigación interna que derivó en esta megacausa.
El daño institucional y la necesidad de respuestas
El perito naval y presidente de la Liga Naval Argentina, Fernando Morales, analizó el impacto de esta noticia, subrayando la desazón que genera en las filas militares. "Me da mucha tristeza por los 23.970 hombres y mujeres de la Armada, civiles y militares, que se rompen el alma todo el día, muchas veces por debajo de la línea de la pobreza", reflexionó, marcando el fuerte contraste entre el esfuerzo de la tropa y la avaricia de los implicados.
Morales enfatizó que las fuerzas armadas basan gran parte de su funcionamiento administrativo en la presunción de honestidad de sus funcionarios: "Se supone que el señor Atanasov estaba ahí para cuidar el gallinero, no para comerse las gallinas". Además, reclamó que la máxima autoridad de la Armada se pronuncie públicamente para dar la cara frente a la sociedad, tal como lo ha hecho la institución en otras crisis severas, separando a la institución de este grupo corrupto.
Mientras el caso avanza en Comodoro Py y se esperan las primeras imputaciones formales y posibles embargos preventivos, el escándalo deja una dolorosa lección sobre las vulnerabilidades de los sistemas de control estatal. En un contexto donde el país debate la modernización de sus fuerzas, la compra de submarinos y la optimización de bases navales, la transparencia financiera se erige, más que nunca, como la primera línea de defensa que la República debe asegurar.
