La Ley anti-Shein y el debate sobre la regulación de la economía digital

El auge de plataformas de comercio electrónico de moda ultrarrápida, como Shein, ha impulsado un intenso debate en Argentina sobre la necesidad de regular el comercio digital. La propuesta, conocida informalmente como la "Ley anti-Shein", busca proteger a la industria textil local frente a lo que consideran una competencia desleal y sin regulaciones adecuadas.

 

El fenómeno del "ultra fast fashion" y su impacto

El artículo explora cómo el modelo de negocio de gigantes como Shein, que se basa en la producción masiva y a bajísimo costo de prendas de vestir, impacta negativamente en la industria nacional. Estas plataformas logran ofrecer precios extremadamente bajos, en parte, porque no están sujetas a los mismos aranceles, impuestos y controles que las empresas locales. La industria textil argentina, que ya enfrenta una retracción del consumo y la caída de ventas, denuncia una competencia desleal que amenaza empleos y la continuidad de pymes.

La propuesta de ley: puntos clave

La iniciativa legislativa que se impulsa en el país se basa en un modelo similar al que se implementó en Francia y busca imponer una serie de condiciones a estas plataformas. Entre las medidas más destacadas se encuentran:

  • La aplicación de una **tasa ecológica progresiva** por cada prenda vendida, en función del impacto ambiental que genera la producción a gran escala.
  • La **prohibición de publicitar** estas marcas en medios de comunicación y redes sociales.
  • La implementación de sanciones por el incumplimiento de normativas ambientales.

Adicionalmente, se evalúa que la ley local también incluya un **pago de aranceles e impuestos específicos** para compensar la ventaja competitiva que estas empresas obtienen al operar en el mercado argentino sin una presencia física ni las cargas impositivas de las empresas nacionales.

El debate de fondo: regular o no regular

"¿Es sostenible un escenario con empresas supranacionales que crecen exponencialmente sin supervisión, sin supervisión y sin cumplir las regulaciones?"

El artículo plantea que el debate no se trata solo de la moda, sino de un problema mayor: la **falta de regulación** de la economía de plataformas. Mientras la industria nacional exige medidas para proteger la producción y el empleo, especialistas señalan que el problema del sector textil es, en parte, estructural y que las plataformas son solo una manifestación de un desafío global. La discusión se centra en encontrar un equilibrio entre la libertad de mercado y la necesidad de proteger a los productores locales y al medio ambiente.

Un basural de ropa en el desierto de Atacama. Allí cada año se depositan 60 mil toneladas de ropa desechada.

 

¿Y en Argentina qué? 

En Francia, apenas unas pocas voces disonantes, entre ellas la de las propias plataformas, alegaron que la regulación podría afectar a los consumidores. 

“Argumentan que esto afectaría el poder adquisitivo y afectaría aún más a las personas de bajos ingresos que compran productos a precios bajos”, según Anne-Cécile Violland

Es una de las defensas anti regulación que mayor controversia genera, el supuesto acceso de sectores que tendrían menos recursos en contextos de crisis económicas profundas y que las marcas de ultra fast fashion, la ropa barata, es lo que pueden comprar. 

Pero Violland contradijo esta idea: “Un reciente estudio independiente demostró que los consumidores de estas plataformas no son necesariamente aquellos con menores ingresos, sino lo que llamamos categoría socio-profesional superior que se encuentran entre los consumidores de estas marcas en gran número, por lo que se trata de una información incorrecta”.

En última instancia, la compra de productos baratos impactaría entonces a lo que se podría considerar como una clase media profesional y, a su vez, se podría inferir que la empobrece, porque la obliga al consumo permanente: ¿qué se considera mayor poder adquisitivo? ¿Reponer prendas infinitamente o gastar una sola vez en un bien durable?

Días atrás, el presidente de la Fundación ProTejer, Luciano Galfione, dijo en una entrevista con Futurock que en Argentina permeó el discurso de que la industria nacional no es competitiva, que tiene precios exorbitantes porque “hay vivos que cazan en el zoológico” y que la ropa producida en el país “es carísima”. 

El derrumbe del consumo en Argentina está afectando a los locales de ropa.

 

Su defensa fue, en primer lugar, que el sector siempre compitió (y compite) con productos importados dado que el 50 por ciento del mercado es de origen externo históricamente. Más aún, actualmente, ese valor se encuentra en el 70 por ciento: siete de cada diez prendas que se venden en Argentina son extranjeras

En segunda instancia, dejó en claro que las personas que consumen esas prendas no son culpables del fenómeno. “Lo que está mal es que se facilita la operatoria de productos importados y que no se hace nada para que el productor nacional pueda competir en forma leal con ese producto”, argumentó, en referencia a la falta de controles aduaneros, la legislación laboral de los países de donde proviene la ropa, impuestos locales, costos comerciales y las exigencias que responden a controles ambientales de casos como el de Shein. 

“Es mucho más barato producir en esos lugares y además en Oriente toda la producción está subsidiada y a nosotros nos aumentan cada vez más los impuestos”, resumió.

En tercer lugar, el presidente de la Fundación ProTejer planteó que en la comparación de precios se suele equiparar una prenda de marca local de primer nivel, como las que venden en shoppings, con los retailers extranjeros. “Si comparo una remera de Gucci con una remera de marca argentina (de shopping), ahí no sé cuál es más cara y el valor tiene que ver con lo aspiracional y no con el valor de producción”, debatió Galfione. 

Esta semana, la Cámara Argentina de Indumentaria se expidió sobre el tema. En medio de una crisis que los golpea de lleno, con despidos, suspensiones, bajas de líneas de producción y cierres, la organización convocó a todos los partidos políticos a imitar el ejemplo francés. El proyecto impulsará "controles ambientales, niveles de toxicidad, aranceles y suba de impuestos". Queda saber qué sectores de la política atenderán el llamado. 

 

desarrollo basado en la fuente: pagina12.com.ar