Hugo Rohrmann, ingeniero en recursos hídricos, advierte que, frente a eventos extraordinarios, como el ocurrido en Bahía Blanca, una creciente urbanización hacia áreas de riesgo hídrico multiplica los problemas para evacuar la cantidad de agua en un paisaje donde predomina el pavimento y el hormigón.
El especialista analizó lo ocurrido en Bahía Blanca, incorporando planteos que vinculan situaciones climáticas extraordinarias con la planificación urbana que tienen hoy las ciudades argentinas. En diálogo con la radio de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) explicó que, frente a eventos extraordinarios y una creciente urbanización, se multiplica la cantidad de agua que tiene que sacar el sistema hídrico de desagües pluviales dado el paisaje de una ciudad cubierta de pavimento, hormigón y viviendas. "La misma lluvia, por esa urbanización, genera mucha más cantidad de agua que tiene que escurrir", sintetizó.
Emplazamiento en el valle de inundación
Rohrmann recordó que la ciudad de Resistencia se emplaza en el valle inundación del río más grande de Argentina, el Paraná : "Frente a eso, hicimos obras; pero resulta que en 1982 la obra se rompió y la ciudad se inundó. Entonces, tampoco podemos confiar en que exclusivamente las obras van a solucionar el tema", advirtió.
Así, fue más allá y planteó: "Medimos el río Paraná desde hace 100 años, pero ¿cuántos años hace que pasa por el lugar donde está el puente General Belgrano? 10.000 años. Significa que sólo medimos el 1% y que desconocemos el 99% de su comportamiento".
Tras esa afirmación, reflexionó: "Ahora creemos que un celular nos va a contestar todas las preguntas, pero no nos damos cuenta de que afuera hay sol. No miramos, no tenemos una imagen de contexto, un zoom en la historia , porque hay antecedentes y en la extensión territorial de lo que estamos ocupando".
Crecer sin respetar las zonas de riesgo
Al analizar qué podría ocurrir en Resistencia o en Corrientes frente a fenómenos climáticos extraordinarios como precipitaciones intensas en cortos períodos de tiempo, el especialista recordó que se trata de una geografía diferente a aquella del sur bonaerense donde se emplaza Bahía Blanca .
Así, recordó que la capital chaqueña "está sobre la salida del río Negro, un río de llanura que no tiene la violencia de la crecida como hemos visto en Bahía Blanca, Puerto Alegre o en La Plata en 2013. O sea, en esos lugares hay un desnivel bastante más pronunciado que no es solamente la zona de ocupación del agua, sino la fuerza del agua que se lleva todo por delante".
Al respecto, indicó que hay mapas que muestran cuáles son las zonas en Resistencia que se pueden inundar si crece el Río Negro "en una crecida menor, en una crecida media o en una excepcional". Sin embargo, marcó que las zonas de crecimiento urbano donde se emplazan construcciones no respetan aquellas áreas donde se ha estudiado que existen riesgos de inundación.

Incapacidad de sistemas pluviales
Analizando lo ocurrido en Bahía Blanca hace poco más de una semana, el experto planteó que "esas situaciones, de algún modo, son anunciadas y cada vez serán más pronunciadas y más frecuentes, no solamente por la variabilidad climática, sino por el hecho de que la expansión urbana es un fenómeno incontenible". Mencionó en esa línea la creciente urbanización de la población argentina , con más del 90% de las personas viviendo en áreas urbanas, cuando hace 50 años la mitad vivía en áreas rurales y la otra mitad en áreas urbanas.

Intensidad
Acerca de la intensidad de una precipitación en áreas urbanas, Rohrmann explicó que son situaciones "estudiadas" y comentó: "Las superficies que van hacia un arroyo, una laguna o una salida tienen poco tiempo de respuesta , media hora, una hora o dos horas. Si en ese período de tiempo, la intensidad es muy grande, el sistema dentro de la llanura tiene poca capacidad de respuesta".
Así, el período más crítico cuando se dan precipitaciones intensas es esa salida del agua por el sistema hídrico y la saturación si sigue lloviendo. "Se ve en una lluvia intensa de 5 o 10 minutos cuando las calles se inundan y el sistema, dentro de la llanura, todavía no generó la pendiente para sacar el agua ", señaló finalmente.

Planificar con una visión integral
Experto en recursos hídricos y estudioso de la organización espacial que van adoptando las ciudades, Rohrmann subrayó que "no hay planificación de crecimiento de las ciudades para marcar hacia dónde tienen que ir, para que los servicios y la calidad de vida sean las apropiadas". Y sumó: "La gente puede no saber y se ubica en lugares que son riesgosos; pero, en líneas generales, los funcionarios tienen poco apego a decir ‘ahí no se metan’ , desalentando estas situaciones".
Así, insistió en que la planificación de las ciudades en áreas de mayor o menor riesgo hídrico es parte de "una planificación general de crecimiento de una ciudad". "No es solamente el riesgo de inundabilidad al lado de un río, un arroyo o por mucha lluvia, sino también cómo llego con los servicios de agua potable, energía eléctrica, caminos, transporte público o cómo saco los residuos. Es una visión general donde participan todas las disciplinas", enfatizó.

Rohrmann remarcó que, al momento de emplazar un barrio, los desagües pluviales están al final del listado de servicios que el Estado pone a disposición de sus habitantes. "La energía eléctrica, el agua potable, el pavimento siempre están primeros porque se necesitan todos los días. En cambio, la lluvia es una, dos o tres veces en el año , donde aparece la necesidad y, cuando suceden, la población reclama", resaltó.
Dijo además que las obras de desagües "no se ven", y lo consideró como un "aspecto que funcionarios y políticos en general miran con mucha atención", porque los reclamos son eventuales y sólo cuando surge el problema, pocas veces al año.
Para Rohrmann, falta "una visión integral" en la planificación urbana determinando específicamente dónde se pueden asentar las poblaciones. "Hay como una dificultad de los funcionarios de decir ‘no, ahí no se puede’, y también de falta de conciencia y de educación de la población . Por supuesto, el ciudadano también debe ser responsable y conocer cuáles son las reglas; pero la falla más evidente es de parte de las autoridades", agregó.
"El sistema hídrico no soporta situaciones extraordinarias"
Acerca del fenómeno climático que afectó a Bahía Blanca, recordó que la ciudad está ubicada "en la parte final de la cuenca del arroyo Napostá, que baja desde Sierra de la Ventana, a más de 70 km y a una altura de unos 1000 metros hasta el nivel del mar. O sea, hay un descenso de las aguas muy pronunciado y, hacia el final de ese arroyo y de la superficie que junta agua, está la ciudad".
El ingeniero recordó como antecedentes las inundaciones que afectaron a Bahía Blanca en los años 1933, 1944, y 2002, todas producidas por esos arroyos que cruzan por el medio de la ciudad.
"El crecimiento urbano de Bahía Blanca, al igual que la mayoría de las ciudades de Argentina, es exponencial y va ocupando zonas cada vez más grandes. Para tener una idea, la población se ha multiplicado por cuatro en los últimos 100 años y, por lo tanto, va ocupando espacio que, ante situaciones extraordinarias como esta lluvia, el sistema hídrico no soporta y ahí es cuando inundan en demasía sectores que están urbanizados", apuntó.
Para Rohrmann, lo ocurrido en la ciudad bonaerense fue "una copia de lo que pasó el año pasado en Valencia, España, con muchos muertos; y en Puerto Alegre, Brasil, con más de 300 muertos , por características similares de ríos o arroyos que bajan muy rápidamente. La ciudad de Puerto Alegre, ubicada al final, con el mismo antecedente porque en 1941 también había pasado la misma inundación".
Con esos antecedentes, el ingeniero planteó: "¿Por qué no le hacemos caso a los eventos extraordinarios y ubicamos el crecimiento urbano en zonas que no tienen riesgo hídrico? De ahí que señaló que "fue como una tragedia anunciada".