►El oscuro imperio de "El Gusano" Menocchio: de La Fidelidad al narcotráfico desde prisión

La Justicia investiga una red narco operada desde prisión por Luis Raúl "El Gusano" Menocchio. El abogado Carlos del Corro analizó su perfil criminal, destacando una inteligencia superlativa capaz de vulnerar el sistema penitenciario.

Lectura exprés

  • ¿Qué sucedió?
    Autoridades desbarataron una peligrosa banda narco y descubrieron que Luis Raúl "El Gusano" Menocchio lideraría las operaciones desde su lugar de encierro, con participación activa de su hijo.
  • ¿Quiénes son los protagonistas?
    Luis Raúl Menocchio (múltiple asesino condenado a perpetua), su hijo implicado, y el abogado Carlos del Corro, ex querellante de la familia Roseo.
  • ¿Cuándo ocurrió?
    Los allanamientos por narcotráfico son actuales, reviviendo el oscuro historial criminal de Menocchio cuyos homicidios más resonantes ocurrieron entre 2005 y 2011.
  • ¿Dónde fue?
    La reciente investigación abarca diversas provincias. Menocchio purga su condena en la máxima seguridad de Trelew, tras dejar un rastro de sangre en Misiones, Paraguay, Corrientes y Chaco.
  • ¿Cómo se descubrió su nivel de influencia?
    Las pericias federales rastrearon operaciones logísticas comandadas a distancia, comprobando que su enorme capacidad organizativa sigue intacta tras las rejas.
  • ¿Por qué es importante?
    El caso deja en evidencia la vulnerabilidad estructural del sistema penitenciario frente a la "inteligencia criminal superlativa" de un reo comparado con históricos capos narcos internacionales.
  • ¿Qué antecedentes carga en su expediente?
    Es el autor comprobado de la masacre del terrateniente Manuel Roseo, del asesinato del cineasta Claudio Nozzi y de un escabroso doble crimen encubierto con barriles de cemento en Paraguay.

El resurgimiento de una mente criminal superlativa

La reciente desarticulación de una sofisticada banda dedicada al narcotráfico, con ramificaciones logísticas en diversas provincias del país, ha vuelto a colocar en el centro de la escena mediática y de la Justicia Federal a uno de los asesinos más infames de la historia criminal argentina: Luis Raúl Menocchio, tristemente célebre en las crónicas policiales bajo el alias de "El Gusano". Lejos de haber visto neutralizada su inagotable capacidad de daño tras ser condenado a la pena de prisión perpetua, los últimos allanamientos revelaron que este avezado criminal presuntamente monitoreaba y dirigía constantes operaciones de tráfico de estupefacientes desde su celda en el sur del país, contando además con la participación directa de uno de sus hijos en el engranaje delictivo.

Para comprender cabalmente la dimensión, la audacia y la extrema peligrosidad de esta figura, resulta indispensable repasar su profuso expediente. En este contexto periodístico, el abogado Carlos del Corro, destacado profesional que actuó como querellante en representación de la familia Roseo durante el emblemático juicio por la sangrienta masacre de La Fidelidad, brindó un extenso análisis de su perfil criminológico. Sus declaraciones no solo arrojan nueva luz sobre los escabrosos hechos del pasado, sino que funcionan como una seria advertencia sobre el peligro constante que representa un individuo con características intelectuales extraordinarias, volcadas íntegramente a las altas esferas del crimen organizado.

De la producción de yerba mate al primer gran fraude bancario

La extensa y turbia trayectoria delictiva de Menocchio no es producto del azar, de la improvisación ni de una necesidad marginal. Según el minucioso relato proporcionado por el doctor Del Corro, "El Gusano" proviene originalmente de una familia acomodada de la provincia de Misiones, la cual se encontraba estrechamente vinculada a la próspera producción comercial de yerba mate y resultaba ser la acaudalada propietaria de un establecimiento portuario bautizado formalmente como Puerto Menocchio.

Sin embargo, la vocación criminal y fraudulenta de este individuo se manifestó de manera extremadamente temprana, en lo que pareció ser una arriesgada empresa compartida con su propio padre. Siendo apenas un adolescente con grandes ambiciones, Menocchio y su progenitor diagramaron y ejecutaron con éxito una estafa a enorme escala que culminó con el vaciamiento sistemático de una entidad bancaria misionera. Este golpe financiero maestro, ejecutado con suma frialdad e ingeniería contable, los obligó a huir velozmente de la República Argentina para evadir las inevitables órdenes de captura, logrando establecer un nuevo y clandestino centro de negocios en la República del Paraguay.

Sangre, barriles de cemento y bisturís: La oscura etapa paraguaya

Una vez radicado en el país vecino, provisto de los abultados recursos económicos obtenidos ilícitamente y amparado por los nuevos contactos delincuenciales que supo cultivar en la clandestinidad asuncena, Menocchio fundó una próspera empresa dedicada a comercializar servicios de televisión por cable. Durante un tiempo, el negocio aparentaba marchar sobre rieles y le otorgaba al prófugo una más que respetable cobertura social ante la mirada de la comunidad empresarial local. No obstante, su instinto homicida terminaría aflorando de la manera más macabra imaginable.

De acuerdo con los espeluznantes registros obrantes en la investigación penal, Menocchio asesinó a sangre fría a dos de sus propios colaboradores. Las malogradas víctimas resultaron ser un hombre y una mujer que formaban parte intrínseca de su círculo de confianza personal y laboral. En un intento desesperado por ocultar las evidencias del doble homicidio, introdujo los cadáveres de sus presuntos allegados en dos grandes barriles metálicos que posteriormente rellenó hasta el tope con mezcla de cemento, bajo la absoluta convicción de que los cuerpos jamás lograrían ser detectados.

Pero el plan maestro fracasó rotundamente al ser encontrados los restos. Acorralado, el criminal debió emprender una nueva fuga contrarreloj que adoptó tintes propios de la ficción literaria. Consciente de que su verdadero rostro encabezaba los carteles de búsqueda, recurrió a medidas insólitas para garantizar su supervivencia:

  • Se sometió en clínicas clandestinas a múltiples y dolorosas cirugías plásticas con el único fin de alterar drásticamente sus facciones fisonómicas originales.
  • Se deshizo definitivamente de sus antiguos documentos y procedió a adoptar diversas identidades falsas, finamente falsificadas.
  • Utilizó rutas de contrabando para reingresar de manera furtiva a la Argentina, optando por afincarse temporalmente en el interior de la provincia de Corrientes.

El millonario y letal engaño al cineasta Claudio Nozzi

El perfecto y costoso camuflaje legal y estético de Menocchio le concedió la tranquilidad necesaria para urdir con paciencia milimétrica su siguiente gran golpe, esta vez teniendo como blanco principal al reconocido director de cine Claudio Nozzi. Mediante sofisticados ardides, promesas grandilocuentes y un nivel de persuasión inaudito, logró convencer al experimentado cineasta de entregarle una suma dineraria monumental, argumentando que operaría como un supuesto adelanto logístico para rodar una película de superproducción con un presupuesto final valuado en 10 millones de dólares.

Como parte esencial de la maniobra de distracción psicológica, forzó a su víctima a adquirir un lujoso crucero en la ciudad de Buenos Aires. Ambos zarparon juntos, surcando las aguas hasta alcanzar la zona de la desembocadura del imponente río Paraná, punto geográfico exacto donde la traición se consumó. Menocchio ejecutó a Nozzi, ató pesadamente su cadáver y lo arrojó a las turbias profundidades litoraleñas para sumergir la verdad de la estafa.

Su habitual soberbia y sentimiento de impunidad resultaron, en esta ocasión, su temporal condena: el cadáver del infortunado director emergió y quedó flotando a los pocos días. Las patrullas de las fuerzas de seguridad descubrieron sorpresivamente a "El Gusano" descansando, pescando y disfrutando del sol a bordo de la costosa embarcación de su víctima. A pesar de la abrumadora carga probatoria recabada en su contra, Menocchio transitó la prisión pero eventualmente logró ser excarcelado, recuperando una libertad que utilizaría para organizar el crimen más aberrante de la región.

La masacre de La Fidelidad: Sangre por 40 millones de dólares

La ambición desmedida y la sed de grandeza llevaron al temible criminal a clavar su mirada sobre La Fidelidad, vasto territorio considerado por agrimensores y terratenientes como una de las estancias vírgenes más grandes, ricas e inexploradas de Sudamérica, incrustada en el impenetrable corazón del Chaco. El monumental objetivo consistía en apropiarse ilícitamente de las invaluables hectáreas mediante la falsificación integral de una transacción de compraventa que simulaba la exorbitante entrega de 40 millones de dólares. Para concretar semejante despojo inmobiliario, Menocchio organizó y perpetró directamente el brutal asesinato del dueño legítimo y único obstáculo de su plan, el conocido hacendado Manuel Roseo, y de Nélida Bartolomé.

El atroz escenario de tortura y muerte fue descubierto durante las primeras horas del 13 de enero de 2011. No obstante, un minúsculo detalle auditivo permitió a la justicia encadenar las pistas. Un secretario de confianza de Roseo brindó a los estupefactos investigadores un dato que rompería la impunidad del líder de los sicarios:

  • El corpulento líder de la banda que copó la residencia evidenciaba, al gritar sus órdenes, una marcada tartamudez.
  • Ese exacto e inconfundible patrón de habla defectuosa y timbre vocal coincidía asombrosamente con el perfil de un "comprador" de alto perfil que se había presentado de traje en las oficinas de Manuel Roseo escasos seis días antes de la masacre.

Este testimonio desencadenó de inmediato una cacería interprovincial sin precedentes. Finalmente, el 30 de enero de 2011, el largo escape de Luis Raúl Menocchio llegó a su fin al ser rodeado y capturado en Corrientes. La titánica labor desplegada por la División Investigaciones Complejas de la Policía del Chaco fue ovacionada y calificada como un trabajo investigativo "fabuloso" por la representación querellante, en virtud de que las ágiles pericias consiguieron rastrear y encarcelar a toda la maquinaria de cómplices que el asesino había ensamblado pacientemente, la cual estaba integrada por:

  • Claudio Rué: un opaco chofer que brindaba servicios a un poderoso estamento sindical de la ciudad de Rosario.
  • Salvador Borda: un curtido delincuente común, habitante de los barrios periféricos de la capital chaqueña de Resistencia.
  • Nidio Sosa: un malviviente con profundos conocimientos técnicos y notable destreza para la falsificación caligráfica y documentológica, expareja del mismísimo Menocchio, vínculo que ambos habían forjado compartiendo celdas tras el mediático caso del cineasta Nozzi.

Durante los simultáneos allanamientos realizados en la vivienda particular de Sosa, enclavada en la localidad de San Luis del Palmar, los peritos forenses incautaron los espeluznantes boletos apócrifos y la materialidad de los elementos con los cuales Roseo había sido maniatado, privado de su libertad y sometido a suplicios extremos para quebrar su voluntad.

Privilegios vip en las sombras y el imperio que no cae

A pesar de hallarse tras los inexpugnables muros del sistema penitenciario con una sentencia definitiva a prisión perpetua sobre sus espaldas, "El Gusano" se encargó de demostrar fehacientemente que la burocracia estatal no poseía las herramientas suficientes para neutralizar su actividad cerebral. Durante los largos años que transitó recluido inicialmente en la Unidad Penal de la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, el experto homicida recurrió nuevamente a su inconmensurable capacidad económica para doblegar y corromper estructuralmente los resortes de seguridad interna.

Acorde al preocupante relato ofrecido por Del Corro a la audiencia de Norte Grande Federal, Menocchio logró mediante presuntos sobornos masivos que se le habilitara una celda de dimensiones privilegiadas, apartada del resto del presidio. Sin mayor demora, acondicionó dicha habitación como un auténtico centro de operaciones informáticas, equipándola de forma inverosímil con múltiples estaciones de computadoras y teléfonos móviles de ultimísima tecnología. Operando a modo de "call center" narco-criminal, gerenciaba libremente a decenas de individuos complotados a lo largo y ancho del país, moviendo las piezas desde su silla. Cuando el escándalo de su colosal grado de impunidad rozó el límite del encubrimiento institucional, las máximas jerarquías estatales intervinieron para disponer su traslado compulsivo en un vuelo especial hacia los helados calabozos de máxima seguridad de Trelew, buscando inútilmente la desconexión total de su red.

El "Chapo Guzmán" nacional y el debate por la seguridad

Al indagar al profesional de las leyes sobre si le resultaba asombroso el reciente hallazgo que sitúa a Menocchio dirigiendo una inmensa banda de tráfico de estupefacientes a nivel federal desde el sur del país, el doctor Carlos del Corro no titubeó al trazar comparaciones internacionales que encienden todas las alarmas institucionales. "Se veía claramente que era un hombre imposible de contener dentro de los márgenes de una prisión; es una especie de Chapo Guzmán o de Pablo Escobar Gaviria", sentenció sin eufemismos el veterano letrado chaqueño, equiparando al asesino misionero con los zares de la mafia más incontrolables del planeta.

El historial empírico es abrumadoramente contundente: la tétrica figura de Luis Raúl Menocchio se recorta muy por encima del accionar de un simple homicida serial, configurándose como un sujeto clínico portador de una asombrosa "inteligencia criminal superlativa". El Gusano posee una resiliencia delictiva inagotable, capaz de torcer las voluntades de guardiacárceles, fraguar fraudes documentales por decenas de millones de dólares, borrar sistemáticamente su biografía en quirófanos subterráneos y construir imperios de la droga que siguen rindiendo frutos monetarios y sangre, sin importar bajo cuántas llaves ni en qué confín del país lo encierren.

La sociedad chaqueña asiste consternada a un nuevo capítulo criminal. Mientras los efectivos federales avanzan en el desmantelamiento de los brazos narco-operativos comandados presuntamente junto a su heredero familiar, el debate sobre el verdadero poder restrictivo de las cárceles argentinas vuelve a ponerse sobre la mesa.

 

informe desarrollado desde Fuente/Canal: Norte Grande Federal  
►El oscuro imperio de

►El oscuro imperio de "El Gusano" Menocchio: de La Fidelidad al narcotráfico desde prisión

►El oscuro imperio de "El Gusano" Menocchio: de La Fidelidad al narcotráfico desde prisión

La Justicia investiga una red narco operada desde prisión por Luis Raúl "El Gusano" Menocchio. El abogado Carlos del Corro analizó su perfil criminal, destacando una inteligencia superlativa capaz de vulnerar el sistema penitenciario.

Lectura exprés

  • ¿Qué sucedió?
    Autoridades desbarataron una peligrosa banda narco y descubrieron que Luis Raúl "El Gusano" Menocchio lideraría las operaciones desde su lugar de encierro, con participación activa de su hijo.
  • ¿Quiénes son los protagonistas?
    Luis Raúl Menocchio (múltiple asesino condenado a perpetua), su hijo implicado, y el abogado Carlos del Corro, ex querellante de la familia Roseo.
  • ¿Cuándo ocurrió?
    Los allanamientos por narcotráfico son actuales, reviviendo el oscuro historial criminal de Menocchio cuyos homicidios más resonantes ocurrieron entre 2005 y 2011.
  • ¿Dónde fue?
    La reciente investigación abarca diversas provincias. Menocchio purga su condena en la máxima seguridad de Trelew, tras dejar un rastro de sangre en Misiones, Paraguay, Corrientes y Chaco.
  • ¿Cómo se descubrió su nivel de influencia?
    Las pericias federales rastrearon operaciones logísticas comandadas a distancia, comprobando que su enorme capacidad organizativa sigue intacta tras las rejas.
  • ¿Por qué es importante?
    El caso deja en evidencia la vulnerabilidad estructural del sistema penitenciario frente a la "inteligencia criminal superlativa" de un reo comparado con históricos capos narcos internacionales.
  • ¿Qué antecedentes carga en su expediente?
    Es el autor comprobado de la masacre del terrateniente Manuel Roseo, del asesinato del cineasta Claudio Nozzi y de un escabroso doble crimen encubierto con barriles de cemento en Paraguay.

El resurgimiento de una mente criminal superlativa

La reciente desarticulación de una sofisticada banda dedicada al narcotráfico, con ramificaciones logísticas en diversas provincias del país, ha vuelto a colocar en el centro de la escena mediática y de la Justicia Federal a uno de los asesinos más infames de la historia criminal argentina: Luis Raúl Menocchio, tristemente célebre en las crónicas policiales bajo el alias de "El Gusano". Lejos de haber visto neutralizada su inagotable capacidad de daño tras ser condenado a la pena de prisión perpetua, los últimos allanamientos revelaron que este avezado criminal presuntamente monitoreaba y dirigía constantes operaciones de tráfico de estupefacientes desde su celda en el sur del país, contando además con la participación directa de uno de sus hijos en el engranaje delictivo.

Para comprender cabalmente la dimensión, la audacia y la extrema peligrosidad de esta figura, resulta indispensable repasar su profuso expediente. En este contexto periodístico, el abogado Carlos del Corro, destacado profesional que actuó como querellante en representación de la familia Roseo durante el emblemático juicio por la sangrienta masacre de La Fidelidad, brindó un extenso análisis de su perfil criminológico. Sus declaraciones no solo arrojan nueva luz sobre los escabrosos hechos del pasado, sino que funcionan como una seria advertencia sobre el peligro constante que representa un individuo con características intelectuales extraordinarias, volcadas íntegramente a las altas esferas del crimen organizado.

De la producción de yerba mate al primer gran fraude bancario

La extensa y turbia trayectoria delictiva de Menocchio no es producto del azar, de la improvisación ni de una necesidad marginal. Según el minucioso relato proporcionado por el doctor Del Corro, "El Gusano" proviene originalmente de una familia acomodada de la provincia de Misiones, la cual se encontraba estrechamente vinculada a la próspera producción comercial de yerba mate y resultaba ser la acaudalada propietaria de un establecimiento portuario bautizado formalmente como Puerto Menocchio.

Sin embargo, la vocación criminal y fraudulenta de este individuo se manifestó de manera extremadamente temprana, en lo que pareció ser una arriesgada empresa compartida con su propio padre. Siendo apenas un adolescente con grandes ambiciones, Menocchio y su progenitor diagramaron y ejecutaron con éxito una estafa a enorme escala que culminó con el vaciamiento sistemático de una entidad bancaria misionera. Este golpe financiero maestro, ejecutado con suma frialdad e ingeniería contable, los obligó a huir velozmente de la República Argentina para evadir las inevitables órdenes de captura, logrando establecer un nuevo y clandestino centro de negocios en la República del Paraguay.

Sangre, barriles de cemento y bisturís: La oscura etapa paraguaya

Una vez radicado en el país vecino, provisto de los abultados recursos económicos obtenidos ilícitamente y amparado por los nuevos contactos delincuenciales que supo cultivar en la clandestinidad asuncena, Menocchio fundó una próspera empresa dedicada a comercializar servicios de televisión por cable. Durante un tiempo, el negocio aparentaba marchar sobre rieles y le otorgaba al prófugo una más que respetable cobertura social ante la mirada de la comunidad empresarial local. No obstante, su instinto homicida terminaría aflorando de la manera más macabra imaginable.

De acuerdo con los espeluznantes registros obrantes en la investigación penal, Menocchio asesinó a sangre fría a dos de sus propios colaboradores. Las malogradas víctimas resultaron ser un hombre y una mujer que formaban parte intrínseca de su círculo de confianza personal y laboral. En un intento desesperado por ocultar las evidencias del doble homicidio, introdujo los cadáveres de sus presuntos allegados en dos grandes barriles metálicos que posteriormente rellenó hasta el tope con mezcla de cemento, bajo la absoluta convicción de que los cuerpos jamás lograrían ser detectados.

Pero el plan maestro fracasó rotundamente al ser encontrados los restos. Acorralado, el criminal debió emprender una nueva fuga contrarreloj que adoptó tintes propios de la ficción literaria. Consciente de que su verdadero rostro encabezaba los carteles de búsqueda, recurrió a medidas insólitas para garantizar su supervivencia:

  • Se sometió en clínicas clandestinas a múltiples y dolorosas cirugías plásticas con el único fin de alterar drásticamente sus facciones fisonómicas originales.
  • Se deshizo definitivamente de sus antiguos documentos y procedió a adoptar diversas identidades falsas, finamente falsificadas.
  • Utilizó rutas de contrabando para reingresar de manera furtiva a la Argentina, optando por afincarse temporalmente en el interior de la provincia de Corrientes.

El millonario y letal engaño al cineasta Claudio Nozzi

El perfecto y costoso camuflaje legal y estético de Menocchio le concedió la tranquilidad necesaria para urdir con paciencia milimétrica su siguiente gran golpe, esta vez teniendo como blanco principal al reconocido director de cine Claudio Nozzi. Mediante sofisticados ardides, promesas grandilocuentes y un nivel de persuasión inaudito, logró convencer al experimentado cineasta de entregarle una suma dineraria monumental, argumentando que operaría como un supuesto adelanto logístico para rodar una película de superproducción con un presupuesto final valuado en 10 millones de dólares.

Como parte esencial de la maniobra de distracción psicológica, forzó a su víctima a adquirir un lujoso crucero en la ciudad de Buenos Aires. Ambos zarparon juntos, surcando las aguas hasta alcanzar la zona de la desembocadura del imponente río Paraná, punto geográfico exacto donde la traición se consumó. Menocchio ejecutó a Nozzi, ató pesadamente su cadáver y lo arrojó a las turbias profundidades litoraleñas para sumergir la verdad de la estafa.

Su habitual soberbia y sentimiento de impunidad resultaron, en esta ocasión, su temporal condena: el cadáver del infortunado director emergió y quedó flotando a los pocos días. Las patrullas de las fuerzas de seguridad descubrieron sorpresivamente a "El Gusano" descansando, pescando y disfrutando del sol a bordo de la costosa embarcación de su víctima. A pesar de la abrumadora carga probatoria recabada en su contra, Menocchio transitó la prisión pero eventualmente logró ser excarcelado, recuperando una libertad que utilizaría para organizar el crimen más aberrante de la región.

La masacre de La Fidelidad: Sangre por 40 millones de dólares

La ambición desmedida y la sed de grandeza llevaron al temible criminal a clavar su mirada sobre La Fidelidad, vasto territorio considerado por agrimensores y terratenientes como una de las estancias vírgenes más grandes, ricas e inexploradas de Sudamérica, incrustada en el impenetrable corazón del Chaco. El monumental objetivo consistía en apropiarse ilícitamente de las invaluables hectáreas mediante la falsificación integral de una transacción de compraventa que simulaba la exorbitante entrega de 40 millones de dólares. Para concretar semejante despojo inmobiliario, Menocchio organizó y perpetró directamente el brutal asesinato del dueño legítimo y único obstáculo de su plan, el conocido hacendado Manuel Roseo, y de Nélida Bartolomé.

El atroz escenario de tortura y muerte fue descubierto durante las primeras horas del 13 de enero de 2011. No obstante, un minúsculo detalle auditivo permitió a la justicia encadenar las pistas. Un secretario de confianza de Roseo brindó a los estupefactos investigadores un dato que rompería la impunidad del líder de los sicarios:

  • El corpulento líder de la banda que copó la residencia evidenciaba, al gritar sus órdenes, una marcada tartamudez.
  • Ese exacto e inconfundible patrón de habla defectuosa y timbre vocal coincidía asombrosamente con el perfil de un "comprador" de alto perfil que se había presentado de traje en las oficinas de Manuel Roseo escasos seis días antes de la masacre.

Este testimonio desencadenó de inmediato una cacería interprovincial sin precedentes. Finalmente, el 30 de enero de 2011, el largo escape de Luis Raúl Menocchio llegó a su fin al ser rodeado y capturado en Corrientes. La titánica labor desplegada por la División Investigaciones Complejas de la Policía del Chaco fue ovacionada y calificada como un trabajo investigativo "fabuloso" por la representación querellante, en virtud de que las ágiles pericias consiguieron rastrear y encarcelar a toda la maquinaria de cómplices que el asesino había ensamblado pacientemente, la cual estaba integrada por:

  • Claudio Rué: un opaco chofer que brindaba servicios a un poderoso estamento sindical de la ciudad de Rosario.
  • Salvador Borda: un curtido delincuente común, habitante de los barrios periféricos de la capital chaqueña de Resistencia.
  • Nidio Sosa: un malviviente con profundos conocimientos técnicos y notable destreza para la falsificación caligráfica y documentológica, expareja del mismísimo Menocchio, vínculo que ambos habían forjado compartiendo celdas tras el mediático caso del cineasta Nozzi.

Durante los simultáneos allanamientos realizados en la vivienda particular de Sosa, enclavada en la localidad de San Luis del Palmar, los peritos forenses incautaron los espeluznantes boletos apócrifos y la materialidad de los elementos con los cuales Roseo había sido maniatado, privado de su libertad y sometido a suplicios extremos para quebrar su voluntad.

Privilegios vip en las sombras y el imperio que no cae

A pesar de hallarse tras los inexpugnables muros del sistema penitenciario con una sentencia definitiva a prisión perpetua sobre sus espaldas, "El Gusano" se encargó de demostrar fehacientemente que la burocracia estatal no poseía las herramientas suficientes para neutralizar su actividad cerebral. Durante los largos años que transitó recluido inicialmente en la Unidad Penal de la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, el experto homicida recurrió nuevamente a su inconmensurable capacidad económica para doblegar y corromper estructuralmente los resortes de seguridad interna.

Acorde al preocupante relato ofrecido por Del Corro a la audiencia de Norte Grande Federal, Menocchio logró mediante presuntos sobornos masivos que se le habilitara una celda de dimensiones privilegiadas, apartada del resto del presidio. Sin mayor demora, acondicionó dicha habitación como un auténtico centro de operaciones informáticas, equipándola de forma inverosímil con múltiples estaciones de computadoras y teléfonos móviles de ultimísima tecnología. Operando a modo de "call center" narco-criminal, gerenciaba libremente a decenas de individuos complotados a lo largo y ancho del país, moviendo las piezas desde su silla. Cuando el escándalo de su colosal grado de impunidad rozó el límite del encubrimiento institucional, las máximas jerarquías estatales intervinieron para disponer su traslado compulsivo en un vuelo especial hacia los helados calabozos de máxima seguridad de Trelew, buscando inútilmente la desconexión total de su red.

El "Chapo Guzmán" nacional y el debate por la seguridad

Al indagar al profesional de las leyes sobre si le resultaba asombroso el reciente hallazgo que sitúa a Menocchio dirigiendo una inmensa banda de tráfico de estupefacientes a nivel federal desde el sur del país, el doctor Carlos del Corro no titubeó al trazar comparaciones internacionales que encienden todas las alarmas institucionales. "Se veía claramente que era un hombre imposible de contener dentro de los márgenes de una prisión; es una especie de Chapo Guzmán o de Pablo Escobar Gaviria", sentenció sin eufemismos el veterano letrado chaqueño, equiparando al asesino misionero con los zares de la mafia más incontrolables del planeta.

El historial empírico es abrumadoramente contundente: la tétrica figura de Luis Raúl Menocchio se recorta muy por encima del accionar de un simple homicida serial, configurándose como un sujeto clínico portador de una asombrosa "inteligencia criminal superlativa". El Gusano posee una resiliencia delictiva inagotable, capaz de torcer las voluntades de guardiacárceles, fraguar fraudes documentales por decenas de millones de dólares, borrar sistemáticamente su biografía en quirófanos subterráneos y construir imperios de la droga que siguen rindiendo frutos monetarios y sangre, sin importar bajo cuántas llaves ni en qué confín del país lo encierren.

La sociedad chaqueña asiste consternada a un nuevo capítulo criminal. Mientras los efectivos federales avanzan en el desmantelamiento de los brazos narco-operativos comandados presuntamente junto a su heredero familiar, el debate sobre el verdadero poder restrictivo de las cárceles argentinas vuelve a ponerse sobre la mesa.

 

informe desarrollado desde Fuente/Canal: Norte Grande Federal