►Crisis económica: Cierra Estación Confort, el histórico comercio de la ciudad

La profunda recesión económica golpea nuevamente a Resistencia con el cierre definitivo de Estación Confort. Tras décadas abasteciendo a la ciudad, el tradicional comercio liquida su stock, reflejando el fin de una era.

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Lectura exprés

  • ¿Qué sucedió?
    El histórico comercio local "Estación Confort" anunció su cierre definitivo y comenzó la liquidación total de sus productos.
  • ¿Quiénes son los protagonistas?
    La gerencia de la firma, decenas de empleados afectados y los clientes de toda la vida de la capital chaqueña.
  • ¿Dónde ocurrió?
    En una de las esquinas más tradicionales y transitadas de la ciudad de Resistencia, Chaco.
  • ¿Por qué cerró?
    Producto de la aguda crisis económica, los fuertes incrementos tarifarios y el colapso del sistema de financiamiento por créditos personales.
  • ¿Qué consecuencias trae?
    Una notable pérdida de puestos de trabajo locales, sumándose a los cierres y recortes de sucursales de otras grandes cadenas como Musimundo y Carsa.

El fin de una era para el comercio tradicional chaqueño

La ciudad de Resistencia amaneció con una de esas noticias que marcan un antes y un después en la fisonomía de su microcentro comercial. Estación Confort, un establecimiento emblemático que durante décadas proveyó de electrodomésticos, muebles y artículos para el hogar a miles de familias chaqueñas, ha comenzado el triste y doloroso proceso de bajar sus persianas de forma definitiva. Ubicado históricamente en una de las esquinas más tradicionales de la capital provincial, este cierre no representa apenas el fin de una empresa mercantil, sino el ocaso de un modelo de cercanía y la pérdida de un actor clave en la vida económica de la ciudad.

Los vecinos, acostumbrados a transitar por sus veredas y ver sus amplias vidrieras siempre rebosantes de televisores de última generación, heladeras, cocinas y comodidades para el hogar, hoy se topan con un paisaje diametralmente opuesto. Enormes carteles de colores vibrantes con la leyenda "Ofertas por cierre, liquidamos todo" cubren actualmente los cristales, tapando el interior de la tienda. Es el epílogo indeseado de una historia comercial que supo resistir estoicamente incontables crisis económicas y fuertes devaluaciones en el pasado, pero que finalmente ha sucumbido de manera abrupta ante la severa recesión que atraviesa todo el territorio nacional.

El efecto dominó: una crisis que arrasa con el sector retail

Resulta fundamental comprender que la caída de Estación Confort no constituye de ninguna manera un evento aislado, sino que es un claro síntoma de una problemática mucho más profunda que está diezmando al sector del retail de línea blanca y electrodomésticos en toda la República Argentina. En este sentido, es evidente que el golpe se siente de forma muy aguda y particular en las provincias del norte del país. En la misma jornada que se visibilizó el desenlace de este local histórico, reportes periodísticos en la ciudad indicaron que otras grandes firmas de inmensa trayectoria nacional también han procedido a cerrar puertas y ejecutar preocupantes despidos de personal.

Existe un relato moderno e instalado que intenta justificar de forma simplista estos cierres apuntando exclusivamente a los vertiginosos cambios en los hábitos de consumo. Se argumenta, desde algunos sectores teóricos, que "la gente ahora compra todo por internet" y que el comercio físico con atención directa ha quedado obsoleto frente al auge imparable del e-commerce. Sin embargo, en el interior profundo del país y específicamente en ciudades comerciales como Resistencia, esta afirmación resulta ser una justificación errónea cuando se analiza en profundidad el comportamiento real del consumidor de clase media y trabajadora, cuyo verdadero problema hoy radica en que su poder adquisitivo ha sido pulverizado.

El colapso del crédito personal: el motor apagado del consumo local

Para lograr dimensionar el rotundo éxito histórico que mantuvieron locales como Estación Confort durante décadas ininterrumpidas, hay que detenerse a observar detenidamente la estructura de su modelo de financiamiento. Las familias que acudían a este tipo de comercios no solían hacerlo con grandes sumas de efectivo en mano, ni tampoco dependían exclusivamente de las sofisticadas tarjetas de crédito bancarias, las cuales suelen poseer límites de saldo restrictivos para los asalariados promedio. El verdadero motor inagotable de estas ventas era el crédito personal propio que otorgaba la casa con mínimos requisitos.

Este sistema generaba un vínculo financiero dinámico y una fidelización inquebrantable. Ante la constante merma del salario y las presiones inflacionarias (comúnmente definidas en el ambiente popular como una "crotera tremenda"), los clientes dependían íntegramente de la libreta, la chequera o la cuenta corriente directa con el comercio. El cliente se acercaba al local mes a mes para abonar su cuota de manera presencial. Al terminar de pagar un lavarropas, inmediatamente aprovechaba la confianza generada y el margen de crédito que se le volvía a habilitar para llevarse un termotanque, una cocina o un nuevo colchón. Las claves de este rotundo éxito histórico se basaban en pilares muy sólidos:

  • Fidelización presencial y recurrente: El acto de ir a pagar la cuota mensual en la propia caja de la sucursal aseguraba el retorno constante del cliente, fomentando la observación de nuevos productos y compras impulsivas adicionales.
  • Inclusión y alto acceso comercial: Este formato accesible permitía equipar íntegramente el hogar a innumerables familias y jóvenes que no lograban calificar para los complejos préstamos de la estricta banca tradicional.
  • Confianza mutua y trato humano: Se establecía un lazo estrecho, directo y a muy largo plazo entre los administradores, los vendedores locales y los vecinos que habitan la ciudad.

Tristemente, hoy en día, este modelo de negocio de alta reciprocidad se ha vuelto completamente insostenible. La espiral inflacionaria, el encarecimiento desmedido del costo de financiamiento para el comercio y la brutal caída del salario real del trabajador han quebrado la elemental cadena de pagos. El cliente ya no puede asumir nuevas cuotas por miedo a no poder pagarlas, y el comercio no dispone del margen económico de rentabilidad para reponer a los fabricantes el stock que vendió a crédito, rompiendo de forma definitiva aquel círculo virtuoso que mantuvo operativas a estas empresas históricas.

El peso aplastante de los servicios y los altos costos operativos

A la caída vertiginosa e indiscutible del volumen de transacciones y a la paralización del sistema de créditos personales, se le debe sumar en este análisis un factor asfixiante que funciona indudablemente como el golpe de gracia para el comercio físico de exposición: el incremento desproporcionado de los costos operativos fijos y, fundamentalmente, la quita de subsidios que disparó las tarifas de los servicios públicos.

De forma casi anecdótica y paradójica, justo frente a la histórica esquina del local de Estación Confort, se encuentra ubicada la sede principal de la empresa proveedora de energía provincial, SECHEEP. Esta proximidad geográfica sirve como una cruda y dolorosa metáfora visual del peso de las obligaciones estatales sobre el sector privado actual. Las abultadas facturas de electricidad, que resultan absolutamente indispensables para mantener iluminadas de manera atractiva las inmensas superficies comerciales y para garantizar el funcionamiento continuo de los acondicionadores de aire en los demandantes y calurosos salones de venta de la región, han escalado a cifras millonarias que se vuelven imposibles de cubrir. Cuando el presupuesto de un grupo familiar promedio se destina de manera casi exclusiva a pagar las tarifas energéticas de su propia casa, sus impuestos y la alimentación esencial, la renovación de bienes durables como un electrodoméstico queda inmediatamente postergada, pasando a ser un lujo inalcanzable y paralizando por completo al sector comercial que los distribuye.

La liquidación total: una amarga oportunidad para el ahorro

Situados en este complejo escenario de un cierre que no tiene marcha atrás, el establecimiento de electrodomésticos transita sus últimos y grises días de actividad comercial enfrentando un único objetivo por delante: lograr liquidar absolutamente todo el stock remanente que descansa en sus grandes depósitos. Para aquellos contados ciudadanos que aún disponen de cierta capacidad de ahorro, o que cuentan con capital en mano por el cobro de indemnizaciones o ahorros previos, los inmensos y llamativos carteles de "liquidación total" pueden llegar a representar una oportunidad comercial sumamente atractiva para adquirir productos a precios que, probablemente, se ubiquen muy por debajo del valor real de reposición que maneja el mercado mayorista hoy.

No obstante el beneficio temporal para algunos consumidores, la postal de las pesadas persianas a medio bajar, los salones paulatinamente vaciados y el propio personal de la tienda realizando la dolorosa tarea de colocar etiquetas amarillas de descuentos finales, configuran una escena urbana que destila profunda tristeza y derrota. Esta liquidación masiva no responde a una estrategia de marketing estacional ni a un evento de ofertas festivas, sino que se trata de un proceso de desinversión forzada y acelerada para intentar, a contrarreloj, hacerse de efectivo que permita cubrir pesadas deudas, realizar pagos urgentes a proveedores atrasados y, primordialmente, poder hacer frente a las inevitables y costosas indemnizaciones por despido.

El impacto laboral profundo y la ruptura del tejido social

Más allá de analizar los balances contables en números rojos, lamentar la pérdida de edificios icónicos en el centro de la ciudad y el vaciamiento de los inventarios corporativos, es de vital importancia recordar que el verdadero corazón y motor de toda empresa radicada en su comunidad son, sin excepción, sus recursos humanos y trabajadores. El cierre inminente y forzoso de una firma de tamaña trayectoria como Estación Confort, deja literalmente en la calle y a la deriva a un importante número de empleados locales que, en muchos de los casos documentados, han dedicado más de dos o incluso tres décadas de su vida profesional exclusivamente para aportar al crecimiento, las ventas y el sostenimiento de esta marca.

La pérdida masiva de fuentes de trabajo privado formales en la actualidad acarrea consecuencias sociales devastadoras que exceden al trabajador individual. Representa, en primer término, una incertidumbre económica inmediata para decenas de familias enteras que ven evaporarse su único ingreso estable de la noche a la mañana. Asimismo, genera una enorme dificultad de reinserción laboral en el sistema, ya que en un mercado regional que se encuentra fuertemente deprimido y con otras marcas compitiendo por achicarse, la búsqueda de un nuevo puesto de trabajo de calidad se vuelve una tarea titánica y casi imposible para las personas mayores. A su vez, esto impacta de lleno y sin escalas en el consumo diario de los barrios periféricos: menos salarios circulando en los bolsillos de la gente se traducen automáticamente en menos compras en los pequeños supermercados locales, almacenes, panaderías y farmacias, hundiendo aún más el indeseado ciclo recesivo que deprime a la ciudad entera.

Conclusión: Una necesaria alerta sobre el futuro de las PyMES

El cierre definitivo de las puertas de Estación Confort jamás debe ser archivado en la memoria colectiva como una simple estadística o una anécdota menor pasajera dentro de los análisis de la recesión actual. Es, por el contrario, un sonoro llamado de atención urgente, una alarma estridente sobre la falta de herramientas de salvataje que son estructuralmente necesarias para sostener a los comercios tradicionales; siendo estos, históricamente, los verdaderos motores de dinamismo económico y de empleo genuino, formal y digno en el interior profundo de la República Argentina. La transición económica hacia nuevas y modernas modalidades de consumo online y austeridad fiscal debería darse como un proceso de evolución natural paulatina, de adaptación tecnológica, y no ser producto de un colapso macroeconómico que directamente no le deja a los dueños más alternativas que firmar la dolorosa bancarrota de su capital de toda la vida.

Hoy todos los habitantes son testigos involuntarios del final de un ciclo histórico en el corazón mismo de Resistencia. Un espacio de grandes dimensiones que alguna vez fue sinónimo inequívoco de progreso comercial, crecimiento barrial y el lugar donde se concretaron miles de proyectos de familias jóvenes, hoy comienza a despedirse en silencio y tapado de carteles de liquidación de remanentes. Mientras los últimos compradores ocasionales buscan ansiosos los precios bajos que alivien su bolsillo y los empleados, consternados, empacan en cajas de cartón su lugar de pertenencia de toda la vida, la capital chaqueña pierde de forma irreparable una pieza invaluable de su identidad e historia comercial. Queda tristemente demostrado, de la manera más cruda y contundente a la vista de todos, que ninguna trayectoria, por muy extensa, consolidada y prestigiosa que haya sido en su rubro, resulta verdaderamente inmune cuando la situación económica asfixia las arcas financieras hasta apagar por completo a las empresas nacionales.

 

informe desarrollado desde Fuente/Canal: José Viñuela #CiberPeriodismo  
►Crisis económica: Cierra Estación Confort, el histórico comercio de la ciudad

►Crisis económica: Cierra Estación Confort, el histórico comercio de la ciudad

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La profunda recesión económica golpea nuevamente a Resistencia con el cierre definitivo de Estación Confort. Tras décadas abasteciendo a la ciudad, el tradicional comercio liquida su stock, reflejando el fin de una era.

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Lectura exprés

  • ¿Qué sucedió?
    El histórico comercio local "Estación Confort" anunció su cierre definitivo y comenzó la liquidación total de sus productos.
  • ¿Quiénes son los protagonistas?
    La gerencia de la firma, decenas de empleados afectados y los clientes de toda la vida de la capital chaqueña.
  • ¿Dónde ocurrió?
    En una de las esquinas más tradicionales y transitadas de la ciudad de Resistencia, Chaco.
  • ¿Por qué cerró?
    Producto de la aguda crisis económica, los fuertes incrementos tarifarios y el colapso del sistema de financiamiento por créditos personales.
  • ¿Qué consecuencias trae?
    Una notable pérdida de puestos de trabajo locales, sumándose a los cierres y recortes de sucursales de otras grandes cadenas como Musimundo y Carsa.

El fin de una era para el comercio tradicional chaqueño

La ciudad de Resistencia amaneció con una de esas noticias que marcan un antes y un después en la fisonomía de su microcentro comercial. Estación Confort, un establecimiento emblemático que durante décadas proveyó de electrodomésticos, muebles y artículos para el hogar a miles de familias chaqueñas, ha comenzado el triste y doloroso proceso de bajar sus persianas de forma definitiva. Ubicado históricamente en una de las esquinas más tradicionales de la capital provincial, este cierre no representa apenas el fin de una empresa mercantil, sino el ocaso de un modelo de cercanía y la pérdida de un actor clave en la vida económica de la ciudad.

Los vecinos, acostumbrados a transitar por sus veredas y ver sus amplias vidrieras siempre rebosantes de televisores de última generación, heladeras, cocinas y comodidades para el hogar, hoy se topan con un paisaje diametralmente opuesto. Enormes carteles de colores vibrantes con la leyenda "Ofertas por cierre, liquidamos todo" cubren actualmente los cristales, tapando el interior de la tienda. Es el epílogo indeseado de una historia comercial que supo resistir estoicamente incontables crisis económicas y fuertes devaluaciones en el pasado, pero que finalmente ha sucumbido de manera abrupta ante la severa recesión que atraviesa todo el territorio nacional.

El efecto dominó: una crisis que arrasa con el sector retail

Resulta fundamental comprender que la caída de Estación Confort no constituye de ninguna manera un evento aislado, sino que es un claro síntoma de una problemática mucho más profunda que está diezmando al sector del retail de línea blanca y electrodomésticos en toda la República Argentina. En este sentido, es evidente que el golpe se siente de forma muy aguda y particular en las provincias del norte del país. En la misma jornada que se visibilizó el desenlace de este local histórico, reportes periodísticos en la ciudad indicaron que otras grandes firmas de inmensa trayectoria nacional también han procedido a cerrar puertas y ejecutar preocupantes despidos de personal.

Existe un relato moderno e instalado que intenta justificar de forma simplista estos cierres apuntando exclusivamente a los vertiginosos cambios en los hábitos de consumo. Se argumenta, desde algunos sectores teóricos, que "la gente ahora compra todo por internet" y que el comercio físico con atención directa ha quedado obsoleto frente al auge imparable del e-commerce. Sin embargo, en el interior profundo del país y específicamente en ciudades comerciales como Resistencia, esta afirmación resulta ser una justificación errónea cuando se analiza en profundidad el comportamiento real del consumidor de clase media y trabajadora, cuyo verdadero problema hoy radica en que su poder adquisitivo ha sido pulverizado.

El colapso del crédito personal: el motor apagado del consumo local

Para lograr dimensionar el rotundo éxito histórico que mantuvieron locales como Estación Confort durante décadas ininterrumpidas, hay que detenerse a observar detenidamente la estructura de su modelo de financiamiento. Las familias que acudían a este tipo de comercios no solían hacerlo con grandes sumas de efectivo en mano, ni tampoco dependían exclusivamente de las sofisticadas tarjetas de crédito bancarias, las cuales suelen poseer límites de saldo restrictivos para los asalariados promedio. El verdadero motor inagotable de estas ventas era el crédito personal propio que otorgaba la casa con mínimos requisitos.

Este sistema generaba un vínculo financiero dinámico y una fidelización inquebrantable. Ante la constante merma del salario y las presiones inflacionarias (comúnmente definidas en el ambiente popular como una "crotera tremenda"), los clientes dependían íntegramente de la libreta, la chequera o la cuenta corriente directa con el comercio. El cliente se acercaba al local mes a mes para abonar su cuota de manera presencial. Al terminar de pagar un lavarropas, inmediatamente aprovechaba la confianza generada y el margen de crédito que se le volvía a habilitar para llevarse un termotanque, una cocina o un nuevo colchón. Las claves de este rotundo éxito histórico se basaban en pilares muy sólidos:

  • Fidelización presencial y recurrente: El acto de ir a pagar la cuota mensual en la propia caja de la sucursal aseguraba el retorno constante del cliente, fomentando la observación de nuevos productos y compras impulsivas adicionales.
  • Inclusión y alto acceso comercial: Este formato accesible permitía equipar íntegramente el hogar a innumerables familias y jóvenes que no lograban calificar para los complejos préstamos de la estricta banca tradicional.
  • Confianza mutua y trato humano: Se establecía un lazo estrecho, directo y a muy largo plazo entre los administradores, los vendedores locales y los vecinos que habitan la ciudad.

Tristemente, hoy en día, este modelo de negocio de alta reciprocidad se ha vuelto completamente insostenible. La espiral inflacionaria, el encarecimiento desmedido del costo de financiamiento para el comercio y la brutal caída del salario real del trabajador han quebrado la elemental cadena de pagos. El cliente ya no puede asumir nuevas cuotas por miedo a no poder pagarlas, y el comercio no dispone del margen económico de rentabilidad para reponer a los fabricantes el stock que vendió a crédito, rompiendo de forma definitiva aquel círculo virtuoso que mantuvo operativas a estas empresas históricas.

El peso aplastante de los servicios y los altos costos operativos

A la caída vertiginosa e indiscutible del volumen de transacciones y a la paralización del sistema de créditos personales, se le debe sumar en este análisis un factor asfixiante que funciona indudablemente como el golpe de gracia para el comercio físico de exposición: el incremento desproporcionado de los costos operativos fijos y, fundamentalmente, la quita de subsidios que disparó las tarifas de los servicios públicos.

De forma casi anecdótica y paradójica, justo frente a la histórica esquina del local de Estación Confort, se encuentra ubicada la sede principal de la empresa proveedora de energía provincial, SECHEEP. Esta proximidad geográfica sirve como una cruda y dolorosa metáfora visual del peso de las obligaciones estatales sobre el sector privado actual. Las abultadas facturas de electricidad, que resultan absolutamente indispensables para mantener iluminadas de manera atractiva las inmensas superficies comerciales y para garantizar el funcionamiento continuo de los acondicionadores de aire en los demandantes y calurosos salones de venta de la región, han escalado a cifras millonarias que se vuelven imposibles de cubrir. Cuando el presupuesto de un grupo familiar promedio se destina de manera casi exclusiva a pagar las tarifas energéticas de su propia casa, sus impuestos y la alimentación esencial, la renovación de bienes durables como un electrodoméstico queda inmediatamente postergada, pasando a ser un lujo inalcanzable y paralizando por completo al sector comercial que los distribuye.

La liquidación total: una amarga oportunidad para el ahorro

Situados en este complejo escenario de un cierre que no tiene marcha atrás, el establecimiento de electrodomésticos transita sus últimos y grises días de actividad comercial enfrentando un único objetivo por delante: lograr liquidar absolutamente todo el stock remanente que descansa en sus grandes depósitos. Para aquellos contados ciudadanos que aún disponen de cierta capacidad de ahorro, o que cuentan con capital en mano por el cobro de indemnizaciones o ahorros previos, los inmensos y llamativos carteles de "liquidación total" pueden llegar a representar una oportunidad comercial sumamente atractiva para adquirir productos a precios que, probablemente, se ubiquen muy por debajo del valor real de reposición que maneja el mercado mayorista hoy.

No obstante el beneficio temporal para algunos consumidores, la postal de las pesadas persianas a medio bajar, los salones paulatinamente vaciados y el propio personal de la tienda realizando la dolorosa tarea de colocar etiquetas amarillas de descuentos finales, configuran una escena urbana que destila profunda tristeza y derrota. Esta liquidación masiva no responde a una estrategia de marketing estacional ni a un evento de ofertas festivas, sino que se trata de un proceso de desinversión forzada y acelerada para intentar, a contrarreloj, hacerse de efectivo que permita cubrir pesadas deudas, realizar pagos urgentes a proveedores atrasados y, primordialmente, poder hacer frente a las inevitables y costosas indemnizaciones por despido.

El impacto laboral profundo y la ruptura del tejido social

Más allá de analizar los balances contables en números rojos, lamentar la pérdida de edificios icónicos en el centro de la ciudad y el vaciamiento de los inventarios corporativos, es de vital importancia recordar que el verdadero corazón y motor de toda empresa radicada en su comunidad son, sin excepción, sus recursos humanos y trabajadores. El cierre inminente y forzoso de una firma de tamaña trayectoria como Estación Confort, deja literalmente en la calle y a la deriva a un importante número de empleados locales que, en muchos de los casos documentados, han dedicado más de dos o incluso tres décadas de su vida profesional exclusivamente para aportar al crecimiento, las ventas y el sostenimiento de esta marca.

La pérdida masiva de fuentes de trabajo privado formales en la actualidad acarrea consecuencias sociales devastadoras que exceden al trabajador individual. Representa, en primer término, una incertidumbre económica inmediata para decenas de familias enteras que ven evaporarse su único ingreso estable de la noche a la mañana. Asimismo, genera una enorme dificultad de reinserción laboral en el sistema, ya que en un mercado regional que se encuentra fuertemente deprimido y con otras marcas compitiendo por achicarse, la búsqueda de un nuevo puesto de trabajo de calidad se vuelve una tarea titánica y casi imposible para las personas mayores. A su vez, esto impacta de lleno y sin escalas en el consumo diario de los barrios periféricos: menos salarios circulando en los bolsillos de la gente se traducen automáticamente en menos compras en los pequeños supermercados locales, almacenes, panaderías y farmacias, hundiendo aún más el indeseado ciclo recesivo que deprime a la ciudad entera.

Conclusión: Una necesaria alerta sobre el futuro de las PyMES

El cierre definitivo de las puertas de Estación Confort jamás debe ser archivado en la memoria colectiva como una simple estadística o una anécdota menor pasajera dentro de los análisis de la recesión actual. Es, por el contrario, un sonoro llamado de atención urgente, una alarma estridente sobre la falta de herramientas de salvataje que son estructuralmente necesarias para sostener a los comercios tradicionales; siendo estos, históricamente, los verdaderos motores de dinamismo económico y de empleo genuino, formal y digno en el interior profundo de la República Argentina. La transición económica hacia nuevas y modernas modalidades de consumo online y austeridad fiscal debería darse como un proceso de evolución natural paulatina, de adaptación tecnológica, y no ser producto de un colapso macroeconómico que directamente no le deja a los dueños más alternativas que firmar la dolorosa bancarrota de su capital de toda la vida.

Hoy todos los habitantes son testigos involuntarios del final de un ciclo histórico en el corazón mismo de Resistencia. Un espacio de grandes dimensiones que alguna vez fue sinónimo inequívoco de progreso comercial, crecimiento barrial y el lugar donde se concretaron miles de proyectos de familias jóvenes, hoy comienza a despedirse en silencio y tapado de carteles de liquidación de remanentes. Mientras los últimos compradores ocasionales buscan ansiosos los precios bajos que alivien su bolsillo y los empleados, consternados, empacan en cajas de cartón su lugar de pertenencia de toda la vida, la capital chaqueña pierde de forma irreparable una pieza invaluable de su identidad e historia comercial. Queda tristemente demostrado, de la manera más cruda y contundente a la vista de todos, que ninguna trayectoria, por muy extensa, consolidada y prestigiosa que haya sido en su rubro, resulta verdaderamente inmune cuando la situación económica asfixia las arcas financieras hasta apagar por completo a las empresas nacionales.

 

informe desarrollado desde Fuente/Canal: José Viñuela #CiberPeriodismo  

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