Una confesión judicial reveló que el copiloto omaní de FlyDubai intentó perpetrar un ataque suicida contra el aeropuerto de Tel Aviv, tras eludir controles y atacar al comandante en pleno vuelo.
Lectura exprés
- ¿Qué sucedió?
El copiloto de un vuelo comercial confesó que intentó secuestrar y estrellar la aeronave en un ataque suicida. - ¿Quiénes son los protagonistas?
El copiloto omaní Hamad Al-Hamami (agresor) y el comandante indio del vuelo (quien logró resistir y salvar la nave). - ¿Cuándo ocurrió?
Las revelaciones e interrogatorios se conocieron a principios de octubre de 2026, a días de conmemorarse tres años de los ataques del 7 de octubre. - ¿Dónde fue?
El incidente ocurrió en la cabina de un vuelo de FlyDubai con destino previsto a Tel Aviv; el avión debió descender de emergencia en Arabia Saudita. - ¿Cómo se produjo?
Tras dos horas de trayecto, el copiloto fingió retirarse a rezar, tomó el hacha de emergencia de la cabina y atacó brutalmente al piloto por la espalda. - ¿Por qué es importante?
Evidencia fallas críticas en los filtros de seguridad aérea internacional, alertas internas ignoradas y contrataciones sin verificación exhaustiva. - ¿Qué consecuencias e investigación hay?
El atacante permanece detenido bajo interrogatorio en Emiratos Árabes Unidos, mientras Israel revisa los protocolos de tripulación que operan en su espacio aéreo.
El plan suicida que buscaba replicar el 11 de Septiembre
Lo que en un primer momento fue catalogado por diversas agencias internacionales como una simple disputa o altercado físico entre tripulantes dentro de una cabina aérea, terminó desmoronándose ante la contundencia de las declaraciones judiciales. El copiloto omaní de la aerolínea FlyDubai, identificado en los interrogatorios oficiales como Hamad Al-Hamami, confesó formalmente que su objetivo final no era otra cosa que perpetrar un atentado terrorista de proporciones devastadoras: estrellar el avión comercial contra las instalaciones del Aeropuerto Internacional Ben Gurión en Tel Aviv.
La revelación generó una conmoción inmediata en la comunidad internacional y en los servicios de inteligencia de Medio Oriente. De acuerdo con los testimonios obtenidos por los investigadores en los Emiratos Árabes Unidos, Al-Hamami concibió la operación con una frialdad matemática inspirada en la metodología de los secuestros aéreos del 11 de septiembre de 2001. Su plan consistía en esperar las fases finales de aproximación para desatar la maniobra suicida y evitar que la defensa aérea o los cazas F-35 de la Fuerza Aérea israelí tuvieran margen operativo para interceptar o derribar la aeronave antes de impactar contra la terminal.
El brutal ataque en cabina y la resistencia del comandante
La reconstrucción del vuelo arroja detalles estremecedores sobre los minutos de pánico vividos a miles de metros de altura. Durante las primeras dos horas de vuelo, la navegación transcurrió bajo parámetros completamente normales, sin que el instrumental ni los intercambios técnicos anticiparan la crisis. La situación se quebró de manera abrupta cuando Al-Hamami solicitó autorización para incorporarse de su asiento bajo el pretexto de realizar sus oraciones religiosas en el sector posterior de la cabina blindada.
Lejos de cualquier acto devocional, el copiloto aprovechó la distracción de la rutina de vuelo para armarse con el hacha de emergencia reglamentaria alojada dentro del compartimento técnico. Minutos después, descargó el primer golpe sobre el comandante de la aeronave, un piloto experimentado de nacionalidad india que se encontraba al mando en ese instante. Pese al impacto inicial y a las heridas cortantes que recibió en la parte superior del cuerpo, el piloto comprendió rápidamente la naturaleza del ataque: no se trataba de una crisis nerviosa, sino de un intento deliberado de ejecución y toma de control letal.
En medio de un forcejeo violento en un espacio sumamente reducido, el comandante logró una maniobra crucial para el desenlace del vuelo: destrabar y abrir la puerta blindada de la cabina. Esa acción permitió alertar de forma inmediata a la tripulación de cabina y a los pasajeros, neutralizando la posibilidad de que el atacante pudiera aislarse herméticamente con los mandos bloqueados. Aunque el avión experimentó oscilaciones bruscas y una pérdida momentánea de altitud durante el enfrentamiento físico, la oportuna reacción evitó la catástrofe y forzó un desvío hacia territorio de Arabia Saudita, donde se completó un aterrizaje de emergencia con asistencia médica y policial en pista.
Cadena de omisiones y antecedentes ignorados
El caso desnudó una preocupante cadena de negligencias administrativas en los procesos de selección y control del personal de vuelo. Las pesquisas confirmaron que Al-Hamami no era un elemento desconocido para las autoridades de aviación civil de la región, sino una figura que ya había levantado alertas rojas que fueron sistemáticamente minimizadas:
- Separación por radicalización: Antes de recalar en FlyDubai, el piloto se desempeñaba en una compañía de aviación omaní, donde los supervisores detectaron conductas y discursos incompatibles con la seguridad aérea, vinculados a posturas extremistas. Sin embargo, en lugar de formular una denuncia penal o suspender su licencia de vuelo, la empresa optó por una salida interna: reubicarlo en puestos administrativos de escritorio.
- Filtros fallidos en contrataciones: Tras su paso por la administración, Al-Hamami intentó postularse en diversas aerolíneas que operaban rutas hacia Israel, realizando capacitaciones en compañías de Marruecos donde tampoco logró consolidar su contratación definitiva. En febrero, la aerolínea FlyDubai procedió a su incorporación formal tras evaluar únicamente sus certificados de antecedentes penales, los cuales figuraban limpios al no existir denuncias judiciales previas en su país de origen.
- Ausencia de cruce de datos regional: Ninguna de las advertencias sobre su comportamiento radical fue cargada en registros unificados de aviación, permitiendo que una persona apartada del pilotaje por riesgo ideológico volviera a tomar el mando de aeronaves de pasajeros de gran porte.
Crisis de seguridad e investigaciones en marcha
Tras el aterrizaje de emergencia y la atención primaria de los heridos, las autoridades saudíes coordinaron la extradición y traslado del agresor hacia los Emiratos Árabes Unidos, donde permanece bajo estricta detención preventiva e incomunicación mientras avanza la formulación de cargos penales de máxima gravedad. Fuentes judiciales anticipan acusaciones por terrorismo, intento de homicidio y actos contra la seguridad de la aviación civil, figuras que acarrean penas de reclusión perpetua.
Paralelamente, el suceso detonó fuertes repercusiones políticas en Israel. Diversos organismos de fiscalización abrieron indagatorias urgentes respecto a los protocolos de autorización de tripulaciones extranjeras en el espacio aéreo israelí. Las normativas exigen que únicamente tripulantes oriundos de Estados con relaciones diplomáticas directas o con verificaciones validadas puedan operar vuelos comerciales hacia sus terminales, un filtro que en este episodio falló por completo y que obligará a una profunda reestructuración de los sistemas de auditoría en la aviación civil de todo el corredor regional.




