Miles de hinchas de San Martín de Tucumán viajarán a Salta por la Copa Argentina. Especialistas viales emitieron una fuerte advertencia sobre el pésimo estado de la Ruta 9/34, exigiendo máxima precaución para evitar tragedias.
Lectura exprés
- ¿Qué sucedió?
Se emitió una severa alerta vial para los conductores que transiten hacia la provincia de Salta debido al estado crítico y destructivo de la cinta asfáltica. - ¿Quiénes son los principales afectados hoy?
La inmensa caravana de hinchas del club San Martín de Tucumán que viajan en vehículos particulares para presenciar el partido por la Copa Argentina. - ¿Dónde está el foco del peligro?
En el sinuoso y deteriorado tramo de 36 kilómetros de la Ruta Nacional 9/34, que conecta las localidades de Rosario de la Frontera y San José de Metán. - ¿Cómo se originan los accidentes?
Por la combinación letal de baches profundos y enormes deformaciones ("huellas") dejadas por los camiones, que desestabilizan a los vehículos menores al intentar sobrepasos. - ¿Cuál es el punto más crítico del trayecto?
El sector ubicado sobre el puente del río Yatasto es señalado por los conductores locales como una verdadera trampa que destroza neumáticos y trenes delanteros. - ¿Por qué se agrava el riesgo?
Porque el partido de fútbol finaliza cerca de la medianoche, obligando a los conductores a emprender el viaje de regreso en plena madrugada y con visibilidad nula sobre los pozos. - ¿Qué pasó con los arreglos previos?
Hace tres años se realizó una obra de repavimentación en la zona que resultó ser un fracaso absoluto: el asfalto nuevo se deterioró gravemente en apenas un mes.
El fervor futbolístico frente al peligro de las rutas del norte
La pasión inquebrantable que despierta el fútbol en el interior del país moviliza a multitudes enteras. En el marco de una nueva e ilusionante jornada de la Copa Argentina, miles de fanáticos y simpatizantes del club San Martín de Tucumán han organizado un éxodo masivo hacia la vecina provincia de Salta. El encuentro, que enfrenta al equipo tucumano contra el conjunto de Banfield, está programado para iniciar a las 21:10 horas en las imponentes instalaciones del estadio Padre Ernesto Martearena. Sin embargo, lo que debería ser exclusivamente una celebración deportiva de alcance nacional, se encuentra hoy opacado por una profunda y justificada preocupación logística y de seguridad pública: el desastroso estado de las vías de comunicación terrestre que conectan ambas provincias.
Ante la previsión de que una inmensa mayoría de los hinchas emprenderá esta travesía utilizando sus propios vehículos particulares y motocicletas, sumándose al ya de por sí intenso tráfico habitual de la región, diversos medios de comunicación, periodistas locales y autoridades han levantado una voz de alerta. El llamado a la precaución no es exagerado ni preventivo, sino que responde a una realidad palpable, documentada y letal que acecha a quienes desconocen los secretos de la topografía asfáltica del Noroeste Argentino. La advertencia central recae sobre un sector muy específico que se ha cobrado incontables daños materiales y, lamentablemente, numerosas vidas humanas a lo largo de los últimos años.
La "Ruta de la muerte": 36 kilómetros de terror asfáltico
El foco de la máxima peligrosidad se concentra en un tramo vital para la conectividad del país: la cinta asfáltica donde convergen las trazas de las Rutas Nacionales 9 y 34. Específicamente, el trayecto más crítico y temido comprende los 36 kilómetros de distancia que separan a las localidades salteñas de Rosario de la Frontera y San José de Metán. Transitar por este sinuoso corredor se ha vuelto una experiencia insoportable y de altísimo riesgo para cualquier conductor, al punto que los propios habitantes de la zona la han bautizado tristemente bajo el nombre de "la ruta de la muerte".
Este corredor interprovincial no solo es utilizado por turistas y vehículos livianos, sino que constituye una arteria comercial neurálgica por donde circula diariamente una flota inmensa de vehículos pesados, transportes de carga internacional, colectivos de larga distancia y camiones de gran porte. La constante fricción y el tonelaje excesivo, sumados a la histórica y alarmante falta de mantenimiento estructural, han convertido a esta calzada de un solo carril por mano en una verdadera carrera de obstáculos donde el más mínimo error de cálculo, o un simple pestañeo, puede desencadenar un siniestro vial de proporciones catastróficas.
Las trampas mecánicas: baches, huellas y desestabilización
Para comprender la verdadera magnitud del riesgo que enfrentarán los conductores esta noche, es fundamental analizar la anatomía del deterioro de esta ruta. El peligro no radica únicamente en la simple existencia de agujeros en el pavimento, sino en una combinación mecánica y estructural que resulta letal para la estabilidad de los automóviles estándar. Las crónicas viales detallan dos amenazas principales que conviven a lo largo de estos 36 kilómetros:
- Los cráteres y baches profundos: Dispersos de manera impredecible en diferentes puntos de ambos carriles, estos pozos tienen la profundidad y el filo suficiente para reventar un neumático al instante, partir una llanta de aleación o quebrar componentes vitales del tren delantero, dejando al vehículo sin dirección a velocidades de ruta.
- Las "huellas" de los camiones: Este es, quizás, el peligro más insidioso y traicionero. El constante paso de vehículos de carga con sobrepeso sobre un asfalto de mala calidad ha provocado un hundimiento longitudinal crónico de la calzada. Esto genera que se formen profundos canales donde pisan las ruedas de los camiones, y como consecuencia directa, el material asfáltico desplazado se eleva en el centro del carril creando una especie de "lomo" o reborde longitudinal constante.
El comportamiento dinámico de los vehículos livianos al interactuar con estas deformaciones es sumamente errático. Los automóviles de menor despeje del suelo sufren golpes constantes y severos en sus chapones protectores y en el cárter del motor al circular por el centro del carril. Pero la situación se vuelve verdaderamente crítica al momento de intentar una maniobra de sobrepaso. Cuando un conductor necesita adelantar a un camión lento e intenta cruzar de carril, las ruedas del automóvil deben trepar y atravesar obligatoriamente este reborde de asfalto deformado. El brusco desnivel longitudinal "tira" de la dirección, desestabilizando violentamente al vehículo y provocando, en innumerables casos documentados, derrapes incontrolables que terminan en trágicos vuelcos al costado de la banquina o en colisiones frontales contra el tráfico que circula en sentido contrario.
El puente del río Yatasto: el punto ciego más crítico
Dentro de este ya de por sí hostil escenario vial, los conductores locales y los choferes profesionales de la región coinciden unánimemente en señalar un punto geográfico específico que requiere de una atención y un frenado casi absolutos: el puente que se erige sobre el río Yatasto. Este sector de infraestructura, ubicado en pleno corazón del tramo entre Metán y Rosario de la Frontera, concentra las peores anomalías de la ruta.
Las juntas de dilatación del puente y los accesos al mismo presentan pozos de una profundidad alarmante. Ingresar a este sector a velocidad de crucero normal equivale a someter al automóvil a un impacto destructivo que, como mínimo, garantizará pinchaduras o daños severos en la alineación. En el peor de los escenarios, golpear uno de estos baches sobre la estructura del puente puede hacer que el conductor pierda repentina y totalmente el dominio del volante, precipitando un accidente mayor. Se aconseja reducir drásticamente la velocidad varios cientos de metros antes de aproximarse a esta obra de ingeniería civil.
La repavimentación fallida y la responsabilidad compartida
La indignación de los usuarios y de la sociedad salteña no es producto de un deterioro reciente o sorpresivo, sino fruto de la desidia sostenida y de obras públicas de muy dudosa calidad. Los reportes indican que esta problemática estructural no es nueva y arrastra años de promesas incumplidas. El dato que más irrita a quienes deben arriesgar su vida transitando por la zona es que hace apenas tres años, ese mismo tramo fue sometido a una obra integral de repavimentación.
Sin embargo, la supuesta solución resultó ser un despilfarro de recursos y un fracaso técnico sin precedentes. Según los testimonios y los registros viales, la nueva capa de asfalto duró en buenas condiciones el insólito lapso de apenas un mes. Tras esos escasos 30 días, las implacables huellas y el achatamiento de los carriles provocados por los camiones volvieron a aflorar con la misma virulencia que antes. Este rápido colapso de la obra evidencia la utilización de materiales inapropiados para el volumen de carga de la región o graves fallas en la compactación del suelo base. Las responsabilidades por este abandono recaen de manera compartida y transversal tanto en las autoridades y gestiones del gobierno actual como en las administraciones anteriores, quienes permitieron o ejecutaron trabajos de repavimentación absolutamente ineficientes sobre una doble calzada nacional que no perdona errores de cálculo.
El peligroso retorno nocturno: recomendaciones para la caravana
Si el viaje de ida con luz de día representa un desafío mayúsculo para la pericia de los conductores tucumanos, el regreso plantea un escenario directamente calificado como una "trampa mortal". El silbatazo final del partido en el estadio Martearena se escuchará pasadas las 23:00 horas. Esto implica inexorablemente que la gran caravana de simpatizantes de San Martín, movilizada por la euforia de la victoria o el cansancio de la derrota, emprenderá el retorno hacia su provincia natal en plena madrugada.
Al transitar bajo un manto de oscuridad profunda, la capacidad de anticipar y esquivar los cráteres y las deformaciones del asfalto se reduce drásticamente. Las luces de los vehículos pesados de frente terminan encandilando a los conductores menores, volviendo literalmente invisibles las peligrosas huellas longitudinales hasta que ya es demasiado tarde para corregir la trayectoria. Por ello, las autoridades de tránsito y los especialistas ruegan a los conductores extremar y triplicar las medidas de precaución habituales.
Para aquellos valientes que asistan al encuentro copero, es imperativo seguir pautas estrictas de manejo defensivo: mantener una distancia de frenado considerablemente mayor respecto al vehículo que los precede para tener tiempo de reacción ante frenadas bruscas, evitar rotundamente maniobras temerarias de sobrepaso a menos que la visibilidad y el asfalto sean perfectos, chequear exhaustivamente la presión de los neumáticos antes de salir, circular a velocidades conservadoras que permitan absorber impactos imprevistos, y, sobre todo, no dudar en detenerse en estaciones de servicio para descansar si la fatiga o la tensión del camino nublan los reflejos en las frías horas de la madrugada norteña.

