Filosofía aplicada a la vida real: El Viaje Estoico de Germán Ghiggeri

Con más de 30 años en la alta dirección, Germán ha estado en el centro de la tormenta empresarial, Sin embargo hoy nos habla de la mente. De la gobernanza interior. De Séneca, de Epicteto y de Marco Aurelio.

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Resistencia, Chaco, no es una ciudad para tibios. El calor que emana del asfalto en enero parece forjar el carácter de quienes deciden emprender en estas latitudes. Aquí, las crisis económicas nacionales no se leen en los diarios; se sienten en la calle, en los mostradores, en las asambleas de la Cámara de Comercio y en los parques industriales. En este ecosistema de alta presión y resiliencia obligada, el nombre de Germán Agustín Ghiggeri resuena con el peso de la historia empresarial reciente.

Con más de 30 años en la alta dirección, Germán ha estado en el centro de la tormenta: co-fundó la primera planta modelo de ensamble de motovehículos del NEA en el Parque Industrial de Puerto Tirol, abrió el camino al mercado de capitales para las pymes del interior emitiendo la primera Obligación Negociable PYME CNV Garantizada, y lideró los pasillos gremiales como secretario de la Cámara de Comercio de Resistencia.

Sin embargo, el hombre que nos recibe hoy en un sobrio café del centro de la ciudad, padre de dos hijos y con la mirada tranquila de quien ha cruzado varios desiertos, no viene a hablar de tasas de interés ni de logística internacional. Viene a hablar de la mente. De la gobernanza interior. De Séneca, de Epicteto y de Marco Aurelio.

Hoy, Germán Ghiggeri se presenta en una nueva faceta: autor de la novela filosófica El Pórtico de los Sueños y divulgador de una filosofía estoica aplicada, sin anestesia, a la vida real y el liderazgo.

¿Cómo pasa un empresario acostumbrado a la trinchera del Chaco a convertirse en un faro de serenidad y filosofía milenaria? Encendemos el grabador y dejamos que la charla fluya.

La Forja en el Barro: De Puerto Tirol a Roma

Ciberperiodismo (CP): Germán, el imaginario popular suele separar al empresario duro, al hombre de negocios, del filósofo o el pensador. Tu currículum habla de plantas industriales, de obligaciones negociables y de tensiones gremiales. ¿En qué momento de ese torbellino se cruza el estoicismo en tu vida?

Germán Ghiggeri (GG): (Sonríe y se toma un momento antes de responder, acomodando el pocillo de café). Es que el imaginario popular se equivoca al creer que la filosofía es un señor con túnica sentado bajo un olivo, ajeno al mundo. El verdadero estoicismo nació en el ágora, en los mercados, en el senado y en los campos de batalla. Nació en el barro.

Mi acercamiento no fue académico, fue una cuestión de supervivencia pura. Cuando estás al frente de una planta industrial en Puerto Tirol, con cientos de familias dependiendo de las decisiones que tomas, lidiando con importaciones frenadas, inflación galopante, paritarias y la presión natural de una región periférica como la nuestra, el nivel de estrés puede devorarte. Me di cuenta de que tenía herramientas para gestionar balances, para optimizar líneas de montaje, pero no tenía herramientas para gestionar la angustia, la incertidumbre y el ego.

"Me di cuenta de que tenía herramientas para gestionar balances, pero no tenía herramientas para gestionar la angustia, la incertidumbre y el ego."

CP: ¿Hubo un punto de quiebre específico?

GG: Más que un quiebre, fue una saturación progresiva. Uno llega a la cima de ciertas metas —abrir la fábrica, emitir obligaciones negociables, tener reconocimiento gremial— y descubre que el éxito externo no garantiza ni un gramo de paz interior. Puedes dominar tu mercado, pero si no dominas tu mente, eres un esclavo de las circunstancias.

Ahí fue cuando cayeron en mis manos los textos de Marco Aurelio. Imaginate, el emperador romano más poderoso del mundo escribiendo en su tienda de campaña, de noche, rodeado de enemigos, recordándose a sí mismo que no debía dejarse llevar por la ira, que debía ser justo, que su vida era un suspiro. Leer sus Meditaciones fue un impacto frontal. Me dije: "Si el hombre que gobierna el mundo conocido tiene que trabajar diariamente en su carácter, ¿qué nos queda a nosotros?". Empecé a aplicar esos principios en los directorios, en la Cámara de Comercio, y en mi vida personal.

La Dicotomía del Control en la Argentina de Hoy

CP: Hablemos de la aplicación práctica. El empresario chaqueño vive apagando incendios. ¿Cómo le explicas a una pyme de Resistencia que debe ser estoica cuando le cambian las reglas del juego impositivo o económico cada semana?

GG: Esa es la pregunta central. El estoicismo tiene un principio rector que Epicteto llamó la "Dicotomía del Control". Consiste en separar radicalmente lo que depende de nosotros de lo que no.

A ese empresario chaqueño le digo lo siguiente: ¿Depende de vos el valor del dólar? No. ¿Depende de vos la nueva resolución de la AFIP? No. ¿Depende de vos el clima político nacional? Tampoco. Sufrir, enojarse y desgastarse por esas variables es como gritarle a la lluvia para que deje de mojar. Es irracional y agota tu energía vital.

Pero, ¿qué sí depende de vos? Tu capacidad de adaptación. Tus costos internos. La calidad de tu servicio. El trato que le das a tus empleados y clientes. Tu integridad frente a la crisis. El líder estoico no es un conformista pasivo, al contrario; al dejar de derrochar energía emocional en lo incontrolable, se vuelve una máquina hiper-eficiente operando sobre lo que sí puede cambiar. Esa es la verdadera ventaja competitiva en Argentina.

CP: En tus años en la Cámara de Comercio (2013-2015) y con "Gestión Pymes", viviste de cerca la política institucional. El ego y la necesidad de aprobación suelen gobernar esos ámbitos. ¿Cómo se sobrevive sin corromper el carácter?

GG: Es un terreno pantanoso, sin duda. En la representación gremial y en la arena pública, la tentación de buscar el aplauso es inmensa. Séneca decía que «somos más infelices por la imitación que por la realidad». Cuando buscas la aprobación de la mayoría, entregas tu libertad. Te conviertes en un rehén de la opinión ajena.

Mi enfoque siempre fue el deber. El estoicismo te enseña que tu única métrica de éxito debe ser la virtud: ¿actué con justicia? ¿fui valiente al plantear este problema? ¿fui templado en la discusión? Si la respuesta es sí, el resultado externo (ganar una elección, lograr un consenso) es un "indiferente preferido". Lo prefieres, claro, pero si no se da, tu carácter queda intacto. Esa independencia mental desarma a cualquiera que intente manipularte.

El Pórtico de los Sueños: Un Mapa hacia la Ciudadela Interior

CP: Todo este bagaje de décadas decantó en una obra literaria. El Pórtico de los Sueños. Has elegido el formato de la novela filosófica en lugar del clásico libro de "Management o Autoayuda". ¿Por qué esa decisión?

GG: Porque la humanidad aprende a través de historias, no de manuales de instrucciones. El mercado está saturado de libros con "10 pasos para ser feliz" o "5 claves para el éxito". Eso es comida rápida para la mente; te sacia el hambre por diez minutos y luego vuelves a estar vacío.

El Pórtico de los Sueños es una travesía. Quería que el lector se identificara con un protagonista que es, en el fondo, cualquiera de nosotros: un hombre abrumado por el ruido contemporáneo, asfixiado por las obligaciones y sintiendo que la vida se le escurre entre los dedos. Al cruzar ese pórtico mítico, él se encuentra cara a cara con las grandes mentes del estoicismo.

"La humanidad aprende a través de historias, no de manuales de instrucciones... El mercado está saturado de comida rápida para la mente."

CP: La obra está estructurada en cuatro ejes o "senderos". Uno de ellos aborda el desamor y la incertidumbre. Temas muy íntimos para alguien que viene del mundo corporativo.

GG: Totalmente. Porque antes de ser gerentes, directores o empresarios, somos seres humanos lidiando con el corazón roto, con la traición, con el miedo a la soledad. El primer sendero de la novela ataca esto: la transitoriedad de los afectos humanos. Nos aferramos a las personas y a las situaciones como si nos pertenecieran, y cuando la vida nos las quita, nos quebramos. El estoicismo nos enseña a amar profundamente, pero con los ojos abiertos, sabiendo que todo es prestado.

Los otros ejes exploran el paso del tiempo (Memento Mori, recuerda que morirás), la liberación del juicio ajeno y, finalmente, la construcción de lo que llamamos la "Ciudadela Interior": esa fortaleza mental que, sin importar cuánto caos, inflación, traiciones o crisis haya afuera, se mantiene inexpugnable.

La Paternidad, el Duelo y el Legado: El Estoicismo en la Vida Diaria

CP: Germán, la filosofía estoica habla profundamente sobre el destino (Amor Fati) y sobre aceptar lo incontrolable. Eres padre de dos hijos adolescentes, y la vida te puso frente a una prueba inmensa cuando tu esposa partió inesperadamente, completando su recorrido en este plano. ¿Cómo se lidera una familia desde el dolor y qué rol juega el estoicismo en esa reconstrucción diaria?

GG: (Hace una pausa; su mirada se torna más profunda, pero serena). Esa es la prueba de fuego de cualquier filosofía. La teoría en los libros es hermosa, pero el estoicismo se pone a prueba cuando la vida te quita el suelo que pisas. La partida repentina de mi esposa es el dolor más profundo imaginable, pero es justamente en ese abismo donde la doctrina de Epicteto te sostiene o te hundes.

El dolor por la pérdida es natural, es humano y hay que transitarlo. El estoicismo no te pide que seas una piedra sin sentimientos, te pide que no le agregues sufrimiento innecesario a ese dolor natural con rebeldía inútil contra el destino. Entender que no somos dueños de quienes amamos, que nos han sido prestados por un tiempo que no controlamos, cambia la perspectiva. Pasas de preguntarte con amargura “¿por qué a mí?” a agradecer profundamente el tiempo compartido.

CP: Y frente a eso, la enorme responsabilidad de acompañar a tus hijos en ese duelo...

GG: Mi mayor orgullo son ellos. Tengo una niña que está a las puertas de sus quince años, y un joven mayor, alto, vivaz y lleno de energía. Acompañarlos en el día a día es una responsabilidad enorme y, a la vez, el acto de amor más grande de mi vida.

Hoy los jóvenes viven atravesados por la ansiedad, la exposición en redes y una intolerancia tremenda a la frustración. Las redes fomentan la comparación constante y miden el valor en aprobación externa. A los hijos no se les predica filosofía; se les demuestra. Si ellos me hubieran visto desmoronarme de forma irremediable, habrían aprendido que ante la tragedia uno se rinde.

Intento inculcarles soberanía personal y resiliencia con el ejemplo. Que entiendan que el mundo es un lugar donde pasan cosas que no elegimos, pero que nadie, ni siquiera la tragedia, puede destruir su esencia si ellos no lo permiten. Quiero que mis hijos sean fuertes y que valoren la honestidad, el trabajo y el amor real por sobre el ruido exterior. Verlos crecer, fuertes y nobles, es la confirmación diaria de que la Ciudadela Interior de la que hablaban los antiguos, funciona.

Estoicismo Diario: La Filosofía en el Bolsillo de la Gente

CP: Hablando de tecnología y atención, has lanzado una iniciativa muy particular: un canal gratuito de WhatsApp llamado Estoicismo Diario. Teniendo tu propia web y perfiles en redes, ¿por qué ir directamente a WhatsApp?

GG: Por pragmatismo. (Se ríe). Es el espíritu de la eficiencia empresarial aplicado a la divulgación. Las redes sociales como Instagram o Facebook son vitrinas maravillosas, y de hecho allí comunicamos mucho, pero están llenas de distracciones. Estás leyendo a Séneca y al segundo siguiente te aparece un video de gatitos o un baile viral. Se pierde la profundidad.

WhatsApp es el lugar donde ocurre la vida real hoy. Es donde la gente arregla sus reuniones, habla con su familia, cierra negocios. Quise meter la filosofía ahí mismo, en la trinchera.

CP: ¿Qué encuentra alguien que se une a ese canal?

GG: Un mensaje al día. Sin spam, sin interrupciones, sin ida y vuelta desgastante. Es una cápsula de claridad mental a primera hora de la mañana. Imagina arrancar tu día, antes de ver las malas noticias de la economía, recibiendo una reflexión breve sobre cómo dominar la ira, o cómo aplicar la ecuanimidad ante un problema que vas a enfrentar en la oficina.

Es una herramienta viva. He recibido mensajes de profesionales, de dueños de comercios e incluso de estudiantes, diciéndome: "Germán, la frase que enviaste hoy evitó que mandara todo por la borda en una reunión". Esa es la filosofía cumpliendo su propósito. Bajando del pedestal de mármol para embarrarse los zapatos y ayudar a la gente a vivir mejor.

Portal web de Germán Ghiggeri:

El Veredicto Final

CP: Para cerrar, Germán. Si pudieras dejarle un único mensaje, un axioma, a ese lector de Ciberperiodismo que está del otro lado de la pantalla, lidiando con su propia crisis personal, profesional o económica... ¿Cuál sería?

GG: Le diría que deje de esperar a que el mar se calme para aprender a navegar.

Vivimos exigiéndole estabilidad al mundo: "Cuando la economía mejore voy a estar tranquilo", "cuando mis hijos crezcan no tendré estrés", "cuando pague esta deuda seré feliz". Es una trampa. La estabilidad externa es una ilusión. El caos es la regla.

El único territorio que verdaderamente te pertenece, el único lugar donde tienes soberanía absoluta, es tu propia mente. Construye ahí tu refugio. Soporta lo que venga y abstente de lo que te daña. Como reza el antiguo lema: Sustine et abstine. Gobiérnate a ti mismo, y el caos externo será solo el escenario donde demuestras de qué estás hecho.

La entrevista llega a su fin, pero la sensación térmica en la charla ha cambiado. Afuera de la cafetería, Resistencia sigue con su ritmo frenético, sus bocinas y su calor abrasador. Sin embargo, tras escuchar a Germán Ghiggeri, uno sale a la calle con una perspectiva diferente. El ruido de los motores ya no parece un asalto a la paz, sino simplemente ruido. Lo externo ocurre; cómo reaccionamos, es nuestra elección.

Para conocer más sobre la obra literaria de Germán Ghiggeri y unirse a su comunidad matutina: ghiggeri.ar
 

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